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Artículos para Profesionales

Relación entre el consumo de bebidas endulzadas y el peso corporal en adultos

Conclusión del Comité Asesor para las Directrices Dietéticas Americanas

Un acervo de evidencia epidemiológica moderada sugiere que un mayor consumo de bebidas azucaradas está asociado con un aumento de peso corporal en los adultos. Pero otro cuerpo de evidencia moderada sugiere que bajo condiciones isocalóricas controladas, los azúcares agregados incluyendo bebidas endulzadas con azúcar, no son más propensos a causar aumento de peso que cualquier otra fuente de energía.

Resumen de Evidencia General

El Comité Asesor para las Directrices Dietéticas Americanas abordó esta cuestión mediante el análisis de cuatro revisiones sistemáticas (Gibson, 2008; Malik, 2006; Ruxton, 2010; Vartanian, 2007), cuatro ensayos controlados aleatorios (ECA) (Raben, 1997; Reid, 2007; Stanhope, 2009; Surwit, 1997) y tres estudios observacionales prospectivos (Chen, 2009; Dhingra, 2007; Palmer, 2008).

Los estudios incluidos en las revisiones sistemáticas no utilizaron métodos consistentes para evaluar los azúcares añadidos. Los términos típicos de búsqueda fueron “refrescos”, “bebidas azucaradas” (BA), “azúcar líquida”  y “gaseosa”. Estas revisiones emplearon diferentes criterios para analizar la literatura científica y tres revisiones (Gibson, 2008; Malik, 2006; Vartanian, 2007) incluyendo estudios transversales, ya que los estudios prospectivos sobre el tema fueron limitados. Malik (et. al., 2006), intentó realizar un meta-análisis, pero el grado de heterogeneidad entre los diseños de los estudios hizo necesaria una evaluación más cualitativa. Vartanian (et. al., 2007) trató de separar los efectos obtenidos en los diferentes diseños de estudio. Los estudios con diseños experimentales (cinco estudios) no mostraron una asociación entre la ingesta de azúcar y el peso corporal en adultos. Se encontraron relaciones significativas en los estudios longitudinales (tres estudios) respecto de la relación entre el consumo de azúcar y el peso corporal, aunque el efecto fue pequeño. Del mismo modo, Malik (et. al., 2006) concluyó que los datos epidemiológicos y experimentales indican que un mayor consumo de BA se asocia con el aumento de peso y la obesidad. En contraste, Gibson (2008) revisó seis estudios de longitudinales y un estudio de intervención con adultos y concluyó que las BA son una fuente de energía, pero esa pequeña evidencia mostró que propician más a la obesidad que cualquier otra fuente de energía. En una revisión reciente, Ruxton (et. al., 2010) concluyó que la evidencia actual no sugiere una asociación positiva entre el índice de masa corporal (IMC) y el consumo de azúcar. Sin embargo, algunos estudios, en concreto sobre las bebidas azucaradas, ponen de relieve una preocupación potencial en el ámbito de riesgo de obesidad. Los métodos utilizados para estas revisiones sistemáticas variaron y pueden explicar las discrepancias en los resultados.

Los cuatro ensayos, incluidos en la Biblioteca de Evidencia de Nutrición (NEL por sus siglas en inglés), de la revisión sistemática variaron mucho en su diseño. En general, cuando se controló la ingesta de calorías, no hubo diferencias en la ganancia de peso cuando los participantes consumieron dietas con un mayor porcentaje de calorías provenientes de azúcares añadidos, en comparación con las dietas con un porcentaje más bajo de la ingesta de azúcares añadidos (Raben, 1997; Stanhope, 2009; Surwit, 1997). Cuando la ingesta de energía no fue controlada, (Reid, et. al., 2007) se encontró una tendencia no significativa (NS, es decir, sin efecto) en el aumento de peso entre las mujeres con peso normal, que consumían cuatro refrescos regulares por día, en comparación con quienes consumieron refrescos de dieta. En una prueba hecha por Stanhope (et. al., 2009) que consideró un 25% de la energía proveniente de las bebidas endulzadas con glucosa o fructosa, se observó un aumento de peso cuando los participantes consumieron dietas que ellos mismos seleccionaron de forma externa.

El Comité también examinó tres estudios prospectivos. Un menor consumo de refrescos se vinculó a la pérdida de peso en el estudio PREMIER (Chen, 2009). Una reducción en la ingesta de BA de una porción por día, fue asociada con una pérdida de peso de aproximadamente 0,5 kg a los 6 y 18 meses, y también se observó una tendencia significativa (es decir, con efecto) entre la relación dosis-respuesta, el cambio en el peso corporal y el cambio en la ingesta de BA. Durante un seguimiento de cuatro años en el estudio denominado “Framingham Heart Study” (Dhingra, 2007), el consumo de una o más bebidas alcohólicas por día se asoció con mayores probabilidades de desarrollar obesidad y de aumentar la circunferencia de la cintura (CC), en comparación a no tomar ninguna.
Palmer (et. al., 2008) incluyó bebidas gaseosas azucaradas y bebidas de frutas en su análisis de la diabetes tipo 2 (DM2) en un estudio similar prospectivo de mujeres afroamericanas. Los sujetos aumentaron de peso durante el estudio, pero el aumento de peso medio más bajo se produjo entre los que disminuyeron su consumo de bebidas alcohólicas.

Por lo tanto, existen resultados contradictorios sobre este tema. Ensayos aleatorios controlados reportan que los azúcares añadidos no son diferentes de otras calorías respecto del aumento de la ingesta de energía o el peso corporal. Los estudios prospectivos reportan alguna relación con las BA y el aumento de peso, pero no es posible determinar si estas relaciones están meramente vinculadas con las calorías adicionales, en oposición de la adición de azúcares por sí misma. Las revisiones sistemáticas en este tema son también incompatibles, probablemente se basan en diferentes medidas para determinar la ingesta de azúcares añadidos o la ingesta de BA.

 

Ensayos que examinan la relación entre azúcares agregados y el peso corporal con una configuración de energía equilibrada

Estudio Diseño: Ensayos Azúcar Añadido Comparación Tiempo ¿Apoya una relación positiva entre azúcares agregados y el peso corporal en un ajuste de energía-equilibrada?
Raben, 1997
(calidad-neutral)
Estudio de casos y controles, mezclado con tres dietas (sacarosa, almidón, rica en grasas) en adultos de peso normal Dieta rica en sacarosa: 23% de energía a partir de sacarosa Dieta rica en almidón y grasa: ambas con un 2% de energía de sacarosa 14 días por cada tratamiento No
Stanhope, 2009
(calidad-neutral)
Un estudio de bebidas endulzadas con glucosa o fructosa, incluyendo pacientes tanto internos como externos Bebidas endulzadas con glucosa o fructosa proporcionan el 25% de la ingesta energética   10 semanas Paciente con dieta energética equilibrada: No
Surwit, 1997
(calidad-positiva)
Estudio de alimentación controlada con programas de pérdida de peso de alta contra baja sacarosa (hipoenergética) Dieta alta en sacarosa: 43% de energía a partir de sacarosa Dieta baja en sacarosa: 4% de energía a partir de sacarosa 6 semanas No

 

Revisiones Sistemáticas que examinan la relación entre las bebidas azucaradas y el peso corporal                                         

Estudio Revisión sistemática / Meta-Análisis Conclusión de los Autores
*Gibson, 2008
Valoración de la calidad: positiva
Revisión sistemática de refrescos azucarados (RA) y peso corporal, índice de masa corporal o adiposidad (44 estudios originales [6 estudios de intervención longitudinal y otro con adultos], seis artículos de revisión) (?)RA son una fuente de energía, pero hay poca evidencia de que sean más propicios para la obesidad que cualquier otra fuente de energía
*Malik, 2006
Valoración de la calidad: neutral
Revisión sistemática de RA y el peso corporal, la obesidad o ambos (30 estudios originales [4 grupos prospectivos y 3 estudios de intervención con adultos]) (+) La evidencia epidemiológica y experimental indica que un mayor consumo de RA se asocia con el aumento de peso y la obesidad
Ruxton, 2010
Valoración de la calidad: neutral
Revisión sistemática del consumo de azúcar y de la salud (8 estudios en la sección de RA y la obesidad [3 estudios de intervenciones incluidos en la revisión individual con adultos]) (?)La posibilidad de que una ingesta considerable de RA contribuya al riesgo de obesidad no se puede descartar
*Vartanian, 2007
Valoración de la calidad: positiva
Un meta-análisis examinó la asociación entre el consumo de refrescos y la nutrición y los resultados de salud (88 estudios originales [3 experimentales longitudinales y 5 con adultos]) (+)Clara asociación entre la ingesta de refrescos con un aumento del peso corporal observado

*Estas revisiones incluyeron estudios transversales.

 

Estudios observacionales prospectivos que examinaron la relación entre las bebidas azucaradas y el peso corporal

Estudio Diseño: Estudio prospectivo observacional Bebidas azucaradas Comparación Tiempo ¿Apoya una relación positiva entre las BA y el aumento de peso?
Palmer, 2008
Valoración de la calidad: positiva
Prospectivo de grupo de mujeres afroamericanas en los EE.UU. examinando el cambio en el consumo de refrescos en el tiempo Al menos un refresco al día No más de un refresco al día Seis años
Dhingra, 2007
Valoración de la calidad: positiva
Prospectivo de grupo (Framingham Heart Study) examinando la ingesta de refrescos y la obesidad • Un refresco al día
• Más de un refresco al día
• Al menos dos refrescos al día
Menos de un refresco al día Cuatro años
Chen, 2009
Valoración de la calidad: positiva
Grupos prospectivos (PREMIER) examinando el incremento en el consumo de bebidas y el incremento de peso BA Las bebidas dietéticas, leche, jugo 100% natural, café/té, bebidas alcohólicas Seis y 18 meses

 

Ensayos que examinaron la relación entre las bebidas azucaradas y el peso corporal

Estudio Diseño: Ensayos Bebidas Azucaradas

Comparación Tiempo ¿Apoya una relación positiva entre las BA y el aumento de peso?
Stanhope, 2009
Valoración de la calidad:
neutral
Un ensayo clínico no aleatorizado con bebidas endulzadas con glucosa o fructosa, incluyendo pacientes tanto internos como externos Bebidas endulzadas con glucosa o fructosa proporcionan el 25% de la ingesta energética   10 semanas Pacientes ambulatorios con dietas auto seleccionadas: Sí
Reid, 2007
Valoración de la calidad:
positiva
Ensayos controlado aleatorizado con cuatro refrescos añadidos a la dieta diaria Refrescos regulares Refrescos de dieta 4 semanas No (NS tendencia de aumento de peso)

Resumen de evidencias

Gibson, (2008) (calidad neutral), una revisión sistemática examinó la evidencia de estudios epidemiológicos y de intervención con respecto a la asociación entre las bebidas que contienen azúcar y el peso corporal y la obesidad. Las bases de datos buscaron hasta julio de 2008 en Medline, Cochrane Reviews y Google, los análisis se llevaron a cabo para examinar la asociación de refrescos azucarados (RA) con el peso corporal, índice de masa corporal o adiposidad en adultos y niños. Los términos de búsqueda fueron "refrescos", "bebidas azucaradas", "soda”, “azúcares líquidos”, “peso”, “peso corporal”, “obesidad”, “adiposidad”. Además, se realizó una búsqueda manual de referencias cruzadas. Los refrescos fueron definidos como todas las bebidas frías que contienen azúcares añadidos o gas, e incluso los refrescos con jarabe de frutas y otras bebidas con un componente de fruta de menos del 100% de jugo natural de fruta; bebidas calientes y bebidas dietéticas no fueron incluidas. Se revisaron 44 estudios originales (23 en sección transversal, 17 prospectivos y 4 intervenciones). 11 de estos estudios se llevaron a cabo en adultos. Además, se consideraron 6 artículos de revisión.

De los 11 estudios en adultos:

  • 3 estudios transversales mostraron una asociación positiva significativa entre BA y la obesidad, un estudio transversal no mostró ninguna asociación entre las BA y el IMC
  • 3 estudios longitudinales mostraron una asociación positiva entre las BA y el IMC en al menos un subgrupo; un estudio longitudinal mostró una positiva, pero no significativa, asociación con el IMC; dos estudios longitudinales no mostraron ninguna asociación con el IMC
  • Un estudio de intervención mostró una asociación positiva con el peso corporal.

La mayoría de los estudios sugieren que el efecto de las BA es pequeño, excepto en individuos susceptibles o en los altos niveles de la ingesta. De las 6 reseñas, dos concluyeron que la evidencia era fuerte, una que la asociación era probable, mientras que 3 la describieron como inconclusa, equívoca o cerca de cero. Gibson llegó a la conclusión de que las BA son, por naturaleza, una fuente de energía, pero hay poca evidencia de estudios epidemiológicos de que sean factores significativos para la obesidad frente a cualquier otra fuente de energía. Además, el autor señaló que a pesar del gran número de estudios sobre este tema, las inconsistencias de la definición, el diseño, el tratamiento estadístico y la interpretación hacen que sea difícil sacar conclusiones definitivas sobre si las BA están implicadas significativamente en el aumento de peso.

Malik (et. al., 2006) (calidad neutral), una revisión sistemática examinó  transversal y prospectivamente grupos base y estudios experimentales, para determinar si existe una asociación entre el consumo de BA y el aumento de peso y la obesidad. Fueron analizadas las publicaciones en inglés en MEDLINE desde 1966 a mayo de 2005, que plantearan la relación entre las BA y el riesgo de aumento de peso o la obesidad. Palabras clave como "soda", "soda pop" y "bebidas azucaradas" y "el aumento de peso", "sobrepeso" y "obesidad" se utilizaron en la estrategia de búsqueda principal, así como en una búsqueda posterior utilizando términos MeSH. También, se obtuvieron informes adicionales publicados, mediante referencias cruzadas de los artículos seleccionados. Bebidas endulzadas con azúcar incluyen refrescos, gaseosas, Ades frutales, bebidas de frutas, bebidas deportivas, té helado endulzado, jugos de frutas y limonada. Treinta estudios originales (15 transversales,  10 prospectivos y 5 experimentales), entre ellos 9 comparaciones en adultos, fueron incluidos en la revisión. Se intentó un meta-análisis, pero el grado de heterogeneidad entre los diseños de los estudios, en particular con respecto a los grupos de edad de los participantes y la evaluación del resultado, lo hizo inaccesible y por lo tanto, se utilizó una evaluación más cualitativa.

Para las 9 comparaciones con los adultos:

  • Dos análisis transversales mostraron una asociación positiva
  • Dos grupos prospectivos mostraron una asociación positiva, uno mostró una asociación positiva no significativa y uno no encontró ninguna asociación.
  • Tres estudios experimentales mostraron una asociación positiva.

Los resultados de grandes estudios transversales, en conjunto con aquellos estudios bien diseñados de grupos prospectivos con largos períodos de seguimiento, muestran una asociación positiva entre el mayor consumo de BA, el aumento de peso y la obesidad en niños y adultos. Los resultados de los ensayos de alimentación a corto plazo en los adultos, también apoyan una inducción de balance energético positivo y el aumento de peso por el consumo de bebidas gaseosas azucaradas, de cualquier forma, estos ensayos son pocos. Los autores concluyeron que la evidencia tanto epidemiológica como experimental, indica que un mayor consumo de BA se asocia con el aumento de peso y la obesidad. Además, aunque se necesita más investigación, no existe suficiente evidencia para las estrategias de salud pública para desalentar el consumo de bebidas azucaradas, como parte de un estilo de vida saludable.

Ruxton (et. al., 2010) (calidad neutral), una revisión sistemática, consideró si la ingesta actual de azúcares añadidos es perjudicial para la salud y evaluó la información publicada desde 1995 hasta el 2006. Se buscaron estudios epidemiológicos, ensayos clínicos, meta-análisis y revisiones sistemáticas dentro de la biblioteca Cochrane y MEDLINE. Los términos de búsqueda fueron "azúcar (sacarosa)", "obesidad" y "peso corporal". La búsqueda se limitó al idioma Inglés en el caso de los estudios sobre azúcar en humanos y sobre el azúcar que contienen los alimentos y bebidas. Las fechas de publicación abracaron de enero de 1995 a marzo del 2006. Este proceso se complementó con una búsqueda manual y una verificación de las listas de referencias de las revisiones pertinentes. Todos los estudios se clasificaron por separado por dos críticos, siendo la del rango más alto la que prevalece en caso de desacuerdo. Se incluyeron 8 estudios en la revisión de las BA y la obesidad. De ellos, 3 se tomaron como estudios primarios y fueron considerados en la revisión, mientras que 5 fueron terciarios y no se incluyeron en las conclusiones. Los autores concluyeron que los resultados de los estudios de alta calidad sobre la obesidad no sugieren una asociación positiva entre el índice de masa corporal y la ingesta de azúcar. Sin embargo, algunos estudios, especialmente sobre las bebidas azucaradas, destacaron una preocupación en relación con el riesgo de obesidad, aunque estos fueron limitados por cuestiones metodológicas.

Vartanian (et. al., 2007) (cualidad positiva), una revisión sistemática y un meta-análisis, examinaron la asociación entre el consumo de refrescos, la nutrición y los efectos en la salud. Se buscó dentro de las bases de datos de MEDLINE y PsycINFO; las palabras clave utilizadas incluyeron "refresco," "soda" y "bebida endulzada" junto con 4 medidas de resultado primarias (la ingesta de energía, el peso corporal, la ingesta de la leche y la ingesta de calcio) y dos resultados secundarios (nutrición y salud). Se identificaron artículos adicionales buscando la sección de referencia de cada artículo y la red de base de datos científica. Por último, se contactó a los autores para solicitar artículos sin publicar o ya impresos. 88 estudios fueron incluidos en el meta-análisis, aproximadamente 30 comparaciones estaban disponibles para los refrescos y la ingesta energética o el peso corporal en los adultos. El análisis de los resultados primarios reveló un importante grado de heterogeneidad en el tamaño de los efectos y, por lo tanto, los estudios se separaron según el diseño de la investigación.

Los tamaños promedio del efecto de peso corporal:

  • Total: r = 0,11 (IC del 95%: 0,10, 0,12, P <0,0056, N = 11)
  • Transversal: r = 0,06 (IC del 95%: 0,05, 0,08, P <0,0056, N = 5)
  • Longitudinal: r = 0,14 (IC del 95%: 0,13, 0,16, P <0,0056, n = 3)
  • Experimental (largo): r = 0,15 (IC del 95%: 0,05, 0,24, NS, N = 5).

Los autores concluyeron que se encontraron asociaciones claras de la ingesta de refrescos con el aumento de la ingesta energética y el peso corporal. Además, señalaron que las recomendaciones para reducir el consumo de refrescos en la población están fuertemente apoyadas por la evidencia científica disponible.

Chen (et. al., 2009) (cualidad positiva), un estudio de un grupo prospectivo realizado en los EE.UU., examinó cómo los cambios en el consumo de bebidas influyen en el cambio de peso entre los adultos. Fueron 810 participantes adultos (62% mujeres; edad 50,0 ± 8,9 años, IMC = 33,1 ± 5.8kg/m2) en el estudio PREMIER. La ingesta dietética se calculó por el promedio de dos pases múltiples en recordatorios de 24 horas llevados a cabo al inicio del estudio, en 6 y 18 meses para determinar los cambios en el volumen, la ingesta de kilocalorías y porcentaje de calorías de las bebidas tanto en general como en siete categorías (BA, bebidas dietéticas, leche; 100 % jugos, café y té con azúcar, café y té sin azúcar o con edulcorantes artificiales, y las bebidas alcohólicas). El peso y talla se midieron en cada punto. De las bebidas individuales, solo la ingesta de BA se asoció significativamente con el cambio de peso. Una reducción en la ingesta de las BA de una porción al día, se asoció con una pérdida de peso de 0,49 kg (IC del 95%: 0,11 a 0,82, p = 0,006) a los 6 meses y de 0,65 (IC del 95%: 0,22 a 1,09, p = 0,003) a los 18 meses. Los participantes se dividieron en tres grupos iguales en función del cambio de 6 o 18 meses en el consumo de bebidas azucaradas. En ambas categorías, de 6 y 18 meses, los participantes del primer grupo tuvieron una mayor media de pérdida de peso que la que tuvieron los del segundo grupo (cambio de 6 meses: 0,7 kg, p = 0,006; cambio de 18 meses: 1.6 kg, P <0,001) y el tercero (cambio de 6 meses: 2,4 kg, p <0,001; cambio de 18 meses: 3,6 kg, p <0,001). Se observó una tendencia significativa de la dosis/respuesta entre el cambio en el peso corporal y el cambio de la ingesta de las BA en ambos grupos, 6 meses (P <0,001) y 18 meses (P <0,001). Los autores concluyeron que su información apoya las recomendaciones de limitar la ingesta de calorías líquidas entre los adultos y reducir el consumo de las BA como un medio para lograr la pérdida de peso o evitar el aumento excesivo de peso.

Dhingra (et. al., 2007) (calidad positiva) relacionó la incidencia del síndrome metabólico y sus componentes con el consumo de refrescos en los participantes en el “Framingham Heart Study” (6,039 personas observadas, 3.470 mujeres, edad media 52.9 años). La información sobre el consumo diario de refrescos se recopiló mediante un cuestionario médico administrado en cada visita del estudio desde el cuarto ciclo (1987-1991) hasta el sexto (1995-1998). Los participantes informaron que la porción diaria que consumían el año anterior al examen era de bebidas de 12 onzas (355 ml). El cuestionario no mostró información sobre el consumo de bebidas gaseosas regulares frente a las de dieta, sin embargo, dicha información estaba disponible por el cuestionario de frecuencia de alimentos (CFA) que completaron los participantes en el quinto y sexto ciclo de examen (1992-1995). Los individuos fueron catalogados como consumidores de refrescos de: menos de uno,  al menos uno o dos por día. Los análisis de los componentes del síndrome metabólico se realizaron con la ingesta de refrescos, incluyendo regular y de dieta. La antropometría fue medida por el personal del estudio. Durante un seguimiento medio de cuatro años, el consumo de al menos un refresco (incluido regular y de dieta) por día se asoció con mayores probabilidades de desarrollo de obesidad (multivariable ajustado OR = 1,31, IC del 95%: 1,02, 1,68) y aumentó la circunferencia de la cintura (multivariable ajustada OR = 1,30, IC 95%: 1,09 a 1,56) en comparación con los casos que no presentaban ningún consumo. Los autores concluyeron que en los adultos de mediana edad, el consumo de refrescos se asocia con una mayor prevalencia e incidencia de múltiples factores de riesgos metabólicos.

Palmer (et. al., 2008) (calidad positiva) examinó la asociación entre el consumo de las BA, el aumento de peso y la incidencia de la diabetes tipo 2 (DM2) en un estudio de grupo prospectivo de 43,960 mujeres afroamericanas (edad 21 a 69 años) en los EE.UU. La alimentación y consumo de bebidas se obtuvo a través de la modificación de un bloque de 68 artículos en el cuestionario de alimentos frecuentes (FFQ). 3 elementos fueron objeto de este artículo: "refrescos regulares (no de dieta)", "jugo de naranja o toronja" y "otros jugos de frutas, bebidas de frutas fortificados, Kool-Aid". Los datos de los cuestionarios se utilizaron para evaluar la relación entre los cambios en los patrones de consumo y los cambios en el peso, por seis años, de 1995 a 2001. Los participantes fueron clasificados en 5 categorías mutuamente exclusivas: los que consumieron no más de un refresco por semana en 1995 y no modificaron su consumo, los que consumieron no más de un refresco por semana en 1995 y aumentaron a por lo menos un refresco por día , los que consumieron al menos un refresco al día en 1995 y no cambió, aquellos que consumían al menos uno por día en 1995 y redujeron su consumo a no más de un refresco por semana en 2001, y los que no encajaron en ninguna de las categorías anteriores. La altura y peso también se reportó. La mayoría de los participantes aumentaron de peso durante el intervalo de 6 años. En los modelos multivariados que incluyeron términos de cambio en otros factores de riesgo, el mayor aumento de peso se observó en los que incrementaron su consumo de refrescos (aumento de peso medio, 6,8 kg). El aumento de peso medio más bajo (4,1 kg) se produjo entre los que disminuyeron su consumo de bebidas gaseosas (P <0,001 para la comparación de los de mayor y menor significa ganancia de peso). La pérdida de peso en el intervalo de 6 años era más común (24%) entre las mujeres que disminuyeron su consumo de las BA y menos frecuente (16%) entre los que aumentaron el consumo o que ya consumían uno o más refrescos al día y no lo redujeron. La asociación entre los cambios en el consumo y el aumento de peso fue más débil en el caso de las bebidas azucaradas frutales. Los autores concluyeron que la reducción del consumo de refrescos es un paso concreto que las mujeres pueden alcanzar más fácilmente que otros enfoques para la pérdida de peso.

Reid (et. al., 2007) (calidad positiva) comparó los efectos de los refrescos suplementarios añadidos a la dieta durante cuatro semanas, las repercusiones en el estado de ánimo y el IMC en mujeres de peso normal (N = 133; edades entre 20 y 55 años; IMC 17-24.9 kg/m2). El estudio se llevó a cabo durante cinco semanas, incluyendo la semana en que se recolectaron los datos de referencia seguida de cuatro semanas de bebidas suplementarias. Las bebidas contenían sacarosa o aspartame. A los participantes se les informó que estaban recibiendo en un caso bebidas azucaradas o bebidas de dieta en otro caso, lo que significa que la mitad fueron correctamente informados sobre el contenido de la bebida, mientras que la otra mitad no. Además, los participantes fueron reclutados en función de si estaban o no pendientes de su peso. Esto resultó en un diseño de 2 x 2 x 2 (sacarosa vs aspartame, bebidas etiquetadas con azúcar vs bebidas etiquetadas con aspartame o de dieta y los que estaban pendientes de su peso contra los que no). Los sujetos recibieron cuatro bebidas de 250ml al día en botellas uniformes con el etiquetado manipulado. Cada semana, de las cuatro de intervención, a los participantes les fue entregado el suministro para una semana, es decir, 28 bebidas de prueba, y se les instruyó para que bebieran la cantidad acordada cada día en los tiempos especificados (11:00, 14:00, 18:00 y 20:00 horas). Los suplementos de sacarosa proveyeron 1800 kJ y el aspartame 67kJ por día. La ingesta de alimentos se midió con un registro de siete días por cada semana del estudio de cinco semanas. La estatura y el peso fueron medidos por el personal del estudio. No hubo efectos significativos por alguna restricción (con o sin vigilia) en ninguno de los análisis experimentales; por esta razón, los resultados fueron presentados con el factor “sin vigilia”. Para aquellos que consumían la bebida de sacarosa la ingesta energética fue mayor en la primera semana (t (67 gl) = 6,44, p <0,001) y en la semana cuatro que al inicio del estudio (t (67 gl) = 3,82, p <0,001), y la semana uno y la cuarta no fueron diferentes (t (67 gl) = 1,81, p = 0,075). Las mujeres en el grupo de sacarosa consumieron aproximadamente 800kJ más de energía por día; los suplementos contenían 1800 kJ. El peso corporal al inicio del estudio fue de 61.35 ± 8.37kg, hubo un efecto marginal de las bebidas sobre el peso corporal (F (10 • 20, 1.86) = 4.509, p <0.05), más mujeres que recibieron la bebida con sacarosa aumentaron algo de peso durante el estudio y las mujeres que recibieron aspartame perdieron peso. Los autores concluyeron que la compensación era solo parcial para la sacarosa añadida, por lo que un aumento de peso pudiera resultar en individuos de peso normal.

Stanhope (et. al., 2009) (calidad neutral) ha evaluado durante 10 semanas los efectos del consumo de bebidas endulzadas con glucosa o fructosa que proporcionan el 25% de las necesidades energéticas en adultos con sobrepeso y obesidad (N = 32, 50% mujeres, edades de 40 a 72 años, IMC 25-35kg/m2). Este fue un estudio doble ciego y consistió de tres fases:

  1. Un período de referencia de dos semanas para pacientes internos, durante el cual los sujetos consumieron una dieta energética equilibrada
  2. Un período de intervención de ocho semanas para pacientes externos, durante el cual los sujetos consumieron bebidas endulzadas con fructosa o con glucosa que proporcionaron 25% de las necesidades diarias de energía, junto con su habitual dieta ad libitum
  3. Un período de intervención con pacientes internos de dos semanas durante el cual los sujetos consumieron bebidas endulzadas con fructosa o glucosa, que proporcionan 25% de las necesidades diarias de energía, junto con una dieta balanceada en energía.

Se proporcionaron azúcares a los sujetos en tres porciones diarias de bebidas endulzadas con glucosa o fructosa saborizadas con una mezcla sin azúcar (Kool-Aid, Kraft). Durante la intervención ambulatoria los sujetos fueron instruidos a que tomaran tres porciones por día, una con cada comida y que no consumieran otras bebidas que tuvieran azúcar, como jugos de frutas, durante el protocolo de estudio. El peso corporal se mantuvo estable durante los periodos de dos semanas en el principio y el final del estudio. Sin embargo, durante el período de intervención ambulatoria de ocho semanas, cuando los sujetos consumieron el 25% del requerimiento diario de energía en forma de glucosa o de bebidas endulzadas con fructosa junto con las dietas ad libitum auto-seleccionadas, ambos grupos mostraron incrementos significativos similares en el peso corporal. Los cambios porcentuales en el peso corporal después del consumo de bebidas endulzadas con glucosa o con fructosa durante 10 semanas fueron 1,8 ± 0,5 (P <0,01) y 1,4 ± 0,3 (P <0,001), respectivamente. Una variedad de resultados se consideraron en este estudio, entre los que cabe destacar que en un entorno de equilibrio energético para pacientes internos, en el que los participantes consumieron 25% de la energía en bebidas endulzadas con glucosa o fructosa, el peso corporal se mantuvo estable; sin embargo, cuando estas bebidas fueron consumidas en un entorno externo junto con una ingesta dietética usual, el peso corporal se incrementó.

Raben (et. al., 1997) (calidad neutral) investigó la ingesta energética ad libitum, cambios en el peso corporal, consumo de energía en 24 horas y la actividad simpática al sustituir grasas en la dieta con sacarosa o almidón durante un período de 14 días. Los participantes fueron 20 mujeres sanas con peso normal (9 post-obesas [PO] y 11 sujetos de control [C], estrechamente emparejados por edad, peso, talla, masa grasa y masa libre de grasa). Cada sujeto completó tres períodos de dieta de 14 días, una rica en sacarosa, una rica en almidón y una rica en grasas. El orden de los períodos difieren, pero los sujetos en los grupos C y PO fueron 'emparejados' (a excepción de dos de control) para que la orden de dieta fuera similar en los dos grupos. Los períodos dietéticos fueron separados de dos a seis semanas. A los participantes se les permitió comer ad libitum de las dietas experimentales para que las consumieran en sus casas. Los sujetos recolectaban la comida dos veces por semana y devolvían todos los sobrantes para registrarlos y pesarlos. La composición planeada de macronutrientes de la dieta de sacarosa y almidón fue similar con 59% de carbohidratos (CHO), 28% de grasa y 13% de proteínas, mientras que la dieta de grasa aportó 45-50% de grasa, 37-42% de CHO y de la proteína 13%. La sacarosa contribuyó con un 23% de energía en la dieta de sacarosa y 2% en la de almidón y ricas en grasas. El peso corporal se midió en los días uno y 15 de cada tratamiento. En las dietas de grasa, almidón y sacarosa, la ingesta real de CHO promedio fue de 40,8, 59,1 y 58,6% (P <0,0001), de sacarosa 2,2, 2,6 y 23,2% (P <0,0001), grasa de 46,1, 28,0 y 28,6% (P <0,0001) y de proteína de 13,1, 13,4, y 13,2% (P <0,05), respectivamente. La ingesta energética promedio catorcenal para todos los sujetos fue más baja en la dieta de almidón (9,1 ± 0,4 MJ por día) comparada con la dieta de la sacarosa (10,3 ± 0.4MJ por día) y la dieta rica en grasas (10,2 ± 0.4MJ por día) (P <0,05). En contraste con un cambio de 0.0kg, el peso total corporal disminuyó en la dieta de almidón un 0,7 ± 0,2 kg (P <0,05), pero se mantuvo sin cambios en la dieta rica en grasas (-0,3 ± 0,3 kg) y sacarosa (0,2 ± 0,2 kg). Los cambios fueron significativamente diferentes entre el almidón y las dietas de sacarosa (p <0,05). Los autores concluyeron que el presente estudio mostró que una dieta rica en almidón dio lugar a una ingesta energética significativamente más baja y una pequeña, pero significativa, reducción en el peso corporal después de 14 días de ingesta ad libitum, tanto en sujetos de peso previamente obesos, como en los normales. En contraste, no se observaron cambios significativos (NS) en cualquiera de estos parámetros en la dieta rica en sacarosa.

Surwit (et. al., 1997) (cualidad positiva) estudió los efectos comparativos entre alta y baja sacarosa, baja en grasa y dietas hipo-energéticas en una variedad de índices metabólicos y de comportamiento en un programa de pérdida de peso de seis semanas. Los participantes fueron asignados a una dieta rica en sacarosa (N = 20; edad 40.6 ± 8.2 años, IMC 35.93 ± 4.8kg/m2) o a una dieta baja en sacarosa (N = 22; edad 40,3 ± 7,3 años, índice de masa corporal). Ambas dietas contenían aproximadamente 4.606 kJ de energía por día, con 11% de la energía en forma de grasa, 19% de proteínas y 71% como CHO. La dieta rica en sacarosa contenía 43% de la ingesta energética diaria total de esta, la dieta baja en sacarosa contenía 4% de la ingesta energética diaria total de la misma. El ensayo se realizó como un estudio de alimentación controlado en la que se les proporcionó a los sujetos todas las comidas y bocadillos para el período de seis semanas. Los sujetos también recibieron una lista de bebidas y condimentos que podrían consumir libremente. Las comidas entre semana se sirvieron en un comedor comunitario; todas las demás fueron pre-cocidas y empacadas “para llevar". Un análisis de diseño mixto variado mostró un efecto principal de tiempo (P <0,001), con ambos grupos de dieta, que mostraron una disminución en el peso. Las interacciones grupo-por-tiempo no fueron significativas, lo que indica que los grupos no presentan variaciones en la magnitud por la disminución en la duración del estudio, es decir, no hubo efectos de tratamiento. Los autores concluyeron que un alto contenido de sacarosa en una dieta hipo-energética baja en grasa no afectó negativamente a la pérdida de peso, en comparación con una dieta baja en sacarosa.

Fuente: El Comité Asesor de la Guía Dietética Americana 2010

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