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Relación entre la ingesta de bebidas azucaradas y la ingesta energética en los adultos

Conclusión

La escasa evidencia indica que el consumo de bebidas endulzadas con azúcar está vinculado a un mayor consumo de energía en los adultos.

Grado: Restringido

La fuerza total de la evidencia justificativa disponible: Fuerte, Moderado, Restringido; solamente opiniones expertas; grado no asignable. Para obtener información adicional acerca de cómo interpretar las calificaciones, clic aquí.

Resumen general de la evidencia

Para responder a la pregunta ¿Cuál es la relación entre la ingesta de bebidas azucaradas y la ingesta energética en los adultos?, el Comité examinó un meta-análisis (Vartanian, 2007) y cuatro ensayos (Flood, 2006; Reid, 2007; Soenen, 2007, Stookey et. al., 2007) publicados desde 1990. Vartanian (et. al., 2007) condujo un meta-análisis que examinó la asociación entre el consumo de refrescos y diversos patrones de salud, como el consumo de energía. Cabe señalar que este análisis incluyó algunos datos no publicados, así como estudios de corte transversal. Sin embargo, se realizaron análisis separados basados en el diseño del estudio y los resultados específicos del mismo. En los 88 estudios en la revisión, tres estudios longitudinales y 11 estudios experimentales, se examinó la relación entre el consumo de refrescos y el consumo de energía en adultos. Aunque el efecto fue poco, los autores concluyeron que había una clara asociación positiva entre el consumo de bebidas gaseosas y el consumo de energía.

Dos estudios primarios adicionales también apoyan una relación entre el consumo de bebidas endulzadas con azúcar (BEA) y el aumento de la ingesta de energía. Flood (et. al., 2006) examinó el impacto del tipo de bebida (refrescos de cola, cola de dieta o agua) y la porción (355 o 500ml) en la ingesta de una comida ad libitum. El consumo energético de los alimentos consumidos en el almuerzo no varió entre diferentes condiciones. Sin embargo, cuando se sumó la energía de las bebidas al consumo de energía de los alimentos, la media de la ingesta total de energía en el almuerzo era mayor cuando se servía con refresco de cola regular en comparación con las otras bebidas, independientemente del tamaño de la porción.

Reid (et. al., 2007) comparó los efectos de los refrescos complementarios endulzados con sacarosa o aspartame agregados a la dieta durante cuatro semanas, en la ingesta de alimentos en mujeres de peso normal. Los participantes consumieron cuatro botellas de 250ml de bebida por día. Los suplementos de sacarosa proveyeron de 430kcal por día y los de aspartame menos de 20kcal por día. Para aquellos que consumieron la bebida con sacarosa, el consumo diario energético fue mayor durante la fase de intervención que al inicio del estudio; las mujeres que bebían las BEA consumieron aproximadamente 200kcal más cada día.

Stookey (et. al., 2007) analizó cuatro dietas de pérdida de peso y predijo que reemplazando las bebidas calóricas endulzadas con agua, se ahorrarían 200kcal por día, durante 12 meses. A pesar de que se pudiera esperar una pérdida de peso debido a un menor consumo de energía, el cambio en el peso corporal no fue analizado.

Soenen y Westerterp-Platenga (2007) examinaron los efectos saciantes del jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF) y sacarosa en comparación con la leche y una bebida de dieta. En este estudio los participantes completaron cuatro sesiones de prueba que incluyeron una comida ad libitum servida inmediatamente después de una de cuatro bebidas: una endulzada con sacarosa, una con JMAF, otra de leche y un refresco de dieta. Las cuatro bebidas eran isovolumétricas (800ml). Las bebidas energéticas fueron isocalóricas. La ingesta energética en la comida de prueba fue menor después del consumo de las bebidas que contenían sacarosa, JMAF o leche (sin diferencias en la energía que contenían cada una) en comparación con la bebida de dieta. La ingesta total de energía (bebida previa + comida) fue significativamente mayor que en el caso de la bebida de dieta. Durante la comida, el consumo energético proporcionado por la bebida fue parcialmente compensado. Sin embargo, la compensación por la ingesta energética a partir de las pre-cargas que contenían sacarosa, JMAF o leche no difirió significativamente y quedó en un rango de 30% a 45%. Este estudio indicó que, aunque la ingesta de energía fue mayor después de tomar las bebidas endulzadas con JMAF y sacarosa en comparación con una bebida de dieta, la ingesta de energía no fue diferente con la ración previa de leche, lo que indica que el azúcar agregado no tiene un efecto único en la ingesta de energía.

Resultados de los estudios

En el caso del estudio de Vartanian (et. al., 2007) se obtuvieron los siguientes resultados:

Los tamaños promedio de la ingesta energética para los adultos:

  • En general: R = 0,28 (IC del 95%: 0,27 a 0,30, p < 0,0056, N = 19)
  • Transversal: R = 0,28 (IC del 95%: 0,26 a 0,30, p < 0,0056, N = 2)
  • Longitudinal: R = 0,29 (IC del 95%: 0,27 a 0,31, p < 0,0056, n = 3)
  • Experimental (corto): R = 0,22 (IC del 95%: 0,15, 0,29, NS, N = 11)

Los autores de dicho estudio concluyeron que hay asociaciones claras entre la ingesta de refrescos, el aumento de la ingesta energética y el peso corporal. Además, señalaron que las recomendaciones para reducir el consumo de refrescos en la población están fuertemente apoyadas por la evidencia científica disponible.

Reid (et. al., 2007) (calidad positiva) comparó los efectos de las bebidas suplementarias agregadas a la dieta durante cuatro semanas, sobre la ingesta alimenticia, el estado de ánimo y el IMC en mujeres de peso normal (N = 133; edades entre 20 y 55 años; IMC 17-24,9 kg/m2). El estudio se llevó a cabo durante cinco semanas, incluyendo la semana en que se recolectaron los datos de referencia más cuatro de bebidas suplementarias. Las bebidas contenían ya sea sacarosa o aspartame. A las participantes se les informó que estaban recibiendo bebidas azucaradas o bebidas de dieta, lo que significó que la mitad del grupo fue correctamente informada sobre el contenido de la bebida, mientras que la otra mitad no recibió la información específica. Además, las participantes fueron reclutadas en función de si estaban o no pendientes de su peso. Esto resultó en un diseño de 2 x 2 x 2 (sacarosa vs aspartame, bebidas etiquetadas con azúcar vs bebidas etiquetadas con aspartame o de dieta y quienes estaban pendientes de su peso contra las que no).

Los sujetos recibieron cuatro bebidas de 250ml por día en botellas uniformes con el etiquetado manipulado. En cada una de las cuatro semanas de la intervención se les fue entregado el suministro, para una semana, de 28 bebidas de prueba, y se les instruyó para que bebieran la cantidad acordada cada día en los tiempos especificados (11:00, 14:00, 18:00 y 20:00 horas). Los suplementos de sacarosa proveyeron 1800kJ y el aspartame 67kJ por día. La ingesta de alimentos se midió con un registro de siete días durante cada semana del estudio completo. La estatura y el peso fueron medidos por el personal del estudio. No hubo efectos significativos de estado de restricción (con o sin vigilia) en ninguno de los análisis experimentales. Por esta razón, los resultados fueron presentados “sin vigilia” como factor. Para aquellos que consumían la bebida de sacarosa la ingesta energética fue mayor en la primera semana (t (67 gl) = 6,44, p < 0,001) y en la semana cuatro, que al inicio del estudio (t (67 gl) = 3,82, p < 0,001), y la semana uno y la cuarta no fueron diferentes (t (67 gl) = 1,81, p = 0,075). Las mujeres en el grupo de sacarosa consumieron aproximadamente 800kJ más de energía por día; los suplementos contenían 1800 kJ. El peso corporal al inicio del estudio fue de 61.35 ± 8.37kg. Hubo un efecto marginal de las bebidas en el peso corporal (F (10 • 20, 1.86) = 4.509, p < 0.05), con un mayor número de mujeres que aumentaron de peso, este dato coincide con que ellas recibieron la bebida sacarosa y quienes tomaron aspartame, perdieron peso. Sin embargo, la tendencia a ganar peso en el caso del consumo de sacarosa no fue significativo. Los autores concluyeron que la compensación era sólo parcial para la sacarosa añadida y también lo era la sacarosa que se añade a la dieta, por lo que un aumento de peso pudiera resultar en individuos de peso normal.

Flood (et. al., 2006) (cualidad positiva), un ensayo aleatorio, cruzado, examinó el impacto de aumentar el tamaño de las porciones de bebidas en la ingesta de comidas y bebidas. Un componente del diseño del estudio fue comparar el tipo de bebida (refrescos de cola, cola de dieta o agua). Los participantes fueron 33 adultos (55% mujeres, edad 19 a 30 años) que consumieron el almuerzo en el laboratorio una vez por semana durante seis semanas, sumando un total de seis sesiones de prueba. En cada día de la prueba se les sirvió un desayuno estándar con el fin de garantizar un nivel constante de hambre entre las sesiones. En cada comida se sirvieron los mismos alimentos, pero la bebida variaba en tipo (cola, cola de dieta o agua) y en tamaño de la porción (12 o 18 fl oz). El refresco regular proporcionó 150 y 225kcal para las pequeñas y grandes porciones, respectivamente. El orden de las condiciones experimentales fue al azar entre los sujetos de prueba. En todas las comidas los sujetos podían comer ad libitum respecto de la cantidad de comida y bebida que se ofrecía. Todos los alimentos y bebidas se pesaron antes de ser servidos a los sujetos, y se volvieron a pesar después de que los sujetos habían terminado de comer, para determinar la cantidad de comida y bebida consumida. El consumo de energía de los alimentos ingeridos en el almuerzo no fue significativamente diferente entre las condiciones variables. Sin embargo, cuando se sumó la energía de las bebidas al consumo de energía de los alimentos, la media de la ingesta total de energía en el almuerzo fue significativamente mayor cuando se sirvió refresco de cola regular, independientemente del tamaño de la porción (P < 0,001). Por lo tanto, aun cuando los sujetos consumieron más energía de las bebidas calóricas que de las no calóricas, no compensaron este incremento de energía, reduciendo su ingesta de comida. Los autores llegaron a la conclusión de que cuando una bebida calórica se consume con una comida, la ingesta de alimentos no se reduce y la energía de la bebida sumada a la de energía de los alimentos, resulta en un aumento significativo en la energía total consumida en una comida; aún más, la sustitución de bebidas calóricas con bebidas bajas en calorías o sin calorías, puede ser una estrategia efectiva para la disminución de la ingesta de energía.

Soenen y Westerterp-Platenga, (2007) (cualidad positiva) examinaron los efectos saciantes de JMAF y sacarosa en comparación con la leche y una bebida de dieta. Los participantes fueron 40 adultos (50% mujeres, IMC 22.4 ± 2.1kg/m2). Las cuatro bebidas fueron las siguientes: una bebida que contenía sacarosa, una que contenía JMAF, una que contenía leche y una bebida de dieta. Las cuatro bebidas eran isovolumétricas (800 ml) y las bebidas energéticas contenían la misma cantidad de calorías siempre de 1.5mJ, la bebida de dieta tenía un contenido energético de 0.2mJ. Se usó un diseño en el cual cada sujeto tenía que regresar por cuatro días de prueba, por separado, con una o más semanas de diferencia. Se servía una comida ad libitum (cereales de granola y yogur) 50 minutos después de que los participantes se terminaran la bebida que funcionaba como una pre-carga; todos los alimentos fueron pesados previamente en el momento de servir y el plato de residuos fue recogido y pesado nuevamente. La ingesta energética de la comida de prueba fue significativamente inferior después del consumo de la pre-carga que contenía sacarosa o JMAF o la pre-carga de leche (sin diferencias energéticas entre los contenidos) (P < 0,05). El total de la ingesta energética (pre-carga + comida) con los contenidos energéticos pre-cargados, fue significativamente mayor que el total de la ingesta energética con la pre-carga de dieta. Por lo tanto, durante la comida, la ingesta energética fue parcialmente compensada. Una compensación por la ingesta energética a partir de las pre-cargas que contenían sacarosa, JMAF o leche, no difirió significativamente y osciló de 30% a 45%. Los autores concluyeron que no hubo diferencias en las consecuencias del balance energético después de las precargas de JMAF, sacarosa o leche.

Stookey (et. al., 2007) (calidad positiva) evaluó el cambio en el patrón de bebida, en concreto, beber agua como una alternativa a las bebidas calóricas endulzadas (BCE), en un análisis secundario de los datos de la intervención de la “Stanford A-TO-Z”. El estudio Stanford A-TO-Z fue un ensayo clínico de pérdida de peso en el cual asignaron al azar mujeres pre-menopáusicas con sobrepeso a cuatro dietas para bajar de peso: La nueva revolución dietética del Dr. Atkins, La Zona: Mapa de ruta para la dieta, El programa de aprendizaje para el Control de Peso de 2000 o Coma más, pese menos por el Dr. Dean Ornish (Dr. Atkins’ New Diet Revolution, The Zone: A Dietary Roadmap, The LEARN Program for Weight Management 2000, or Eat More, Weigh Less by Dr. Dean Ornish). Las participantes incluidas en el análisis fueron 118 mujeres con sobrepeso (25 a 50 años) quienes regularmente consumían las BCE (355 ml o más al día) antes del estudio. Al inicio del estudio y en 2, 6 y 12 meses, la media del consumo diario de bebidas (BCE, agua, bebidas dietéticas no calóricas y bebidas calóricas nutritivas), la composición de alimentos (macronutrientes, agua y fibra) y la ingesta total energética se calculó utilizando tres recordatorios de 24 horas. La ingesta de bebidas fue expresada en términos relativos (porcentaje de bebidas). En modelos de efectos fijos que controlaron la ingesta total de bebidas, tanto las no calóricas como las bebidas nutricionales calóricas (porcentaje de bebidas) la composición de los alimentos y el gasto energético [equivalente metabólico (MET)], el reemplazar las BCE con agua, se asoció con una significativa disminución en el total de la ingesta energética, misma que se mantuvo con el tiempo. El déficit calórico atribuible al reemplazo de las BCE con el agua, no se refuta con los aumentos compensatorios en otros alimentos o bebidas. El reemplazo de todas las BCE con agua fue asociado con una disminución prevista de la energía total de 200kcal por día durante 12 meses. Los autores concluyeron que la sustitución de las BCE con agua puede ayudar a reducir la ingesta total energética de los consumidores de BCE con sobrepeso motivados a la dieta.

Tabla de valoración de los estudios

Estudio Meta-Análisis Conclusión del autor
*Vartanian,
2007
Clase: M Valoración de calidad: positiva
Meta-análisis que examinó la asociación entre el consumo de refrescos, la nutrición y los resultados de salud (88 estudios originales [consumo de energía: tres longitudinal y 11 estudios experimentales con adultos). (+)Clara asociación entre la ingesta de refrescos con aumento de ingesta energética observada.

*La Revisión incluyó estudios transversales.

 

Estudio Diseños: Ensayos

Bebidas endulzadas con azúcar (BA) Comparación Tiempo ¿Apoya una relación positiva entre las BA y la ingesta energética?
Reid,
2007
Clase: A Valoración de calidad: positiva
Ensayos con cuatro refrescos añadidos a la dieta diaria. Refrescos regulares Refrescos de dieta Cuatro semanas
Flood,
2006
Clase: A Valoración de calidad: positiva
Estudio cruzado aleatorio con ad libitum de bebidas y almuerzo. Refresco de cola • Coca de dieta
• Agua
Una comida de prueba al día
Soenen,
2007
Clase: A Valoración de calidad: positiva
Ensayo cruzado con una precarga (bebida) seguida de comida de prueba. • Bebida de sacarosa
• Bebida de JMAF
• Leche
• Bebida de dieta
Una comida de prueba al día No (mayor consumo de energía con azúcar añadido, pero mismo consumo de energía con la bebida de leche)
Stookey,
2007
Clase: B Valoración de calidad: positiva
Análisis secundario de los datos de la intervención de la “Stanford A-TO-Z” examina tomar agua como alternativa a las bebidas calóricas energéticas (BCE) BCE. Agua Dos, seis y doce meses

 

Diseño de la investigación e implementación de la Calificación del Resumen

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Hojas de trabajo: