Hablemos Claro

Alimentos funcionales conocidos por nuestras culturas ancestrales, recobran importancia

Dra. Carolina Peña Montes
Departamento de Alimentos y Biotecnología
Facultad de Química
Universidad Nacional Autónoma de México

Aunque la importancia del binomio alimentación-salud ya era bien conocida por las culturas ancestrales de nuestro país, recobra vida ahora 3,500 años después ante la creciente preocupación de los consumidores por su salud.

Se ha demostrado que aquella antigua frase de Hipócrates: “Que nuestra medicina sea nuestro alimento y que nuestro alimento sea nuestro medicamento” es totalmente vigente, dado que llevar una buena alimentación es una de las mejores formas para conservar la salud. Recientemente este hecho, se fortalece con todos los estudios que se han realizado en los últimos años sobre la funcionalidad de los nutrientes de los alimentos en el contexto de la salud. Hasta el momento no existe una definición internacional de “Alimento funcional”, sin embargo; las definiciones dadas por diferentes organizaciones como “The Academy of Nutrition and Dietetics”, “The International Food Information Council”, “The Institute of Food Technologists”,“The International Life Sciences Institute”, “The European Commission”, “Health Canada” y “The Japanes Ministry of Health, Labor, and Welfare”; coinciden en definirlo como aquel alimento que posee un efecto saludable más allá de su efecto puramente nutricional, el cual tiene ventajas específicas médicas o sanitarias demostradas que incluyen la prevención o el tratamiento de enfermedades. Este término no debe confundirse con “Nutraceútico”, el cual se refiere a las substancias bioactivas del alimento con propiedades que mejoran la salud, previenen enfermedades y/o tienen propiedades medicinales con un impacto en la salud humana. Los nutraceúticos normalmente se venden en forma de suplementos alimenticios como cápsulas o tabletas.

Las culturas ancestrales de México como la maya (1500 a.C.-1100 d.C.), percibían la salud como un balance y la enfermedad como un desbalance. Ellos sabían que uno de los factores importantes para conservar ese balance era la dieta, la cual se afectaba favorable o desfavorablemente. Así, en su dieta, existían muchos alimentos funcionales, de los cuales incluso en nuestros días ya se ha corroborado sus beneficios a la salud, por ejemplo: agua o tamales de chaya, pozol, tortillas, miel, cacao, Balché, calabaza, frijol, chía, amaranto, entre otros. Por otra parte,  los mexicas (1450-1550 d.C.) no se quedaron atrás, como ejemplo basta revisar los códices de elaboración de pulque, o aquellos donde se muestra a Mayahuel, la diosa del maguey y el pulque, la cual se caracterizaba por sus numerosos senos de donde se creía emanaba el pulque o leche materna para alimentar a la humanidad. La bebida podía ser ingerida únicamente por los ancianos, mujeres embarazadas o en estado de lactancia.  Estudios recientes han demostrado la importancia de esta bebida como agente probiótico y prebiótico. Otros alimentos funcionales que se incluían en su dieta comprenden: maíz, frijol, calabaza, tomate, amaranto, chía, cacao, quelites y nopal; por mencionar algunos.

México cuenta con alrededor de 112 millones de habitantes distribuidos en 32 estados de acuerdo al último CENSO realizado por el INEGI, los cuales representan un mosaico étnico y cultural por supuesto con variaciones en los patrones de alimentación.

Por otra parte, nuestra población mexicana presenta un grave problema de mala nutrición, pues un 70% de la población económicamente activa tiene sobrepeso u obesidad; esto lo hace el país número uno a nivel mundial con obesidad. Adicionalmente, el 76% de la población muere a causa de alguna enfermedad crónica o degenerativa, entre las cuales se encuentra la Diabetes mellitus tipo II, la enfermedad cardiovascular, la enfermedad hepática, la hipertensión y el cáncer. Como dato curioso, este cambio también coincide con el hecho de que la población mexicana modificó sus hábitos de alimentación consumiendo hoy un 30% menos de verduras y frutas, 40% más de bebidas endulzadas y 10% más de carbohidratos que hace 20 años.

En años recientes, se han introducido términos como “dieta funcional”, ”dieta macrobiótica”, “nutriterapia” en el caso de utilizar nutraceúticos, “portafolios dietarios”; que relacionan directamente la dieta con la salud. Los portafolios dietarios se definen como el uso de alimentos funcionales para normalizar parámetros bioquímicos asociados con el desarrollo de enfermedades crónico degenerativas. De esta manera, se han desarrollado incluso portafolios dietarios específicos para estas enfermedades complejas en México como las mencionadas anteriormente (obesidad, diabetes, síndrome metabólico), todos ellos basados en alimentos funcionales de la dieta de nuestros ancestros como son el nopal, chía, frijol. Sin embargo, es importante considerar en todo momento que la evidencia científica nos conduce hacia una nutrición personalizada, dado que la respuesta a un nutrimento dependerá de las variaciones genéticas del individuo e incluso de las características genómicas de la población y, en nuestro caso como mexicanos, de una población que se adaptó fisiológica y genéticamente a esos alimentos funcionales ancestrales.

En conclusión, como podemos apreciar, la dieta de nuestros antepasados era rica en alimentos funcionales y variada, precisamente esa variedad dada por la biodiversidad que existe en nuestro país, la dotaba de muchas substancias bioactivas con beneficios a la salud que pueden actuar sinérgicamente. Es importante revalorar todo ese conocimiento y cultura culinaria del México prehispánico, conservar nuestra biodiversidad y enfocar los esfuerzos en documentar científicamente las propiedades funcionales de los alimentos ancestrales. En este contexto, es aún más importante regresar al consumo de nuestro pulque, pozol, tortillas con frijol, quelites, agua de chía, tamales y; tantos y tantos platillos de nuestras abuelas, que han hecho que la cocina mexicana sea reconocida a nivel mundial.

Hipócrates 460-380 a.C.

Celebración de una comida. Códice Florentino, lib III, f. 7r.
Reprografía y foto:Marco Antonio Pacheco/Raíces ©arqueomex.com

 

Anciana bebiendo pulque. Códice Mendocino, f. 71r (detalle).
Reprografía:Marco Antonio Pacheco / Raíces©arqueomex.com

Mayahuel, “círculo de manos o brazos”, era la diosa del maguey pulquero.
Códice Laud, lám. 16. Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces©arqueomex.com

 

 

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