Hablemos Claro

Tendencias de los alimentos funcionales

Dra. Ruth Pedroza
Ingeniería de Alimentos
Universidad Iberoamericana

Si bien es cierto que la esperanza de vida ha crecido en todo el mundo, la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles también se ha elevado. La dieta puede contribuir a disminuir los riesgos de padecer esas enfermedades y potencialmente apoyar para una mejor calidad de vida.

La investigación para conocer cómo los alimentos pueden beneficiar la salud es cada vez más profunda y precisa; hoy se sabe que muchos de los componentes químicos presentes en los alimentos pueden tener funciones específicas, todas ellas en beneficio de la salud. Así, del concepto primario de dieta, que se enfoca en proveer al organismo de nutrimentos suficientes para cubrir las necesidades que permiten llevar a cabo el metabolismo y dar una sensación de satisfacción y bienestar involucrando a los atributos sensoriales, hoy se habla de dieta saludable o incluso de dieta óptima, y se sabe de sus efectos fisiológicos y psicológicos, además de los nutricionales.

En el mundo actual globalizado, nos encontramos con una gran cantidad de productos disponibles que potencialmente pueden mejorar la salud y el bienestar de las personas. Es decir, alimentos que contribuyen a reducir el riesgo de aparición de alguna enfermedad o bien retardar su desarrollo, estos son los alimentos funcionales.

Algunos ejemplos importantes de estos tipos de alimentos y sus funciones son:

Componentes funcionales que regulan la disponibilidad de la glucosa

Para reducir la disponibilidad de glucosa (una de las principales fuentes de energía de la dieta) algunos componentes químicos de los alimentos pueden ayudar, por ejemplo, los taninos (presentes en la jamaica), las antocianinas (presentes en berenjenas, ciruelas, arándanos, espárragos, grosellas zarzamoras, maíz azul, plátanos, col morada, uvas, vino, granadas duraznos, cerezas, etc.) y el ácido clorogénico (presente en el café y en las alcachofas), todos ellos por su acción inhibitoria de las enzimas que liberan la glucosa de los alimentos.

Fibra, componente químico funcional

Quizá uno de los ingredientes funcionales más ampliamente difundido es la fibra, que puede ser insoluble (como la celulosa contenida en vegetales) o soluble (como el mucílago del nopal, la pectina de las frutas, el almidón resistente o algunos polisacáridos como la polidextrosa), que indudablemente benefician a la salud. Por ejemplo, la fibra soluble puede ser fermentada por los microorganismos presentes en el colon y sus productos de la fermentación pueden reducir los niveles de glucosa en la sangre disminuyendo la producción de glucosa en el hígado.

Recientemente se ha demostrado el efecto benéfico de los componentes del nopal en pacientes con diabetes tipo 2, para la reducción de la glucosa postprandial (la que se hace presente en la sangre después de haber ingerido alimentos), la insulina sérica y el incremento en la actividad antioxidante cuando se combina con soya en el desayuno. Se cree que el efecto de la fibra soluble es por el aumento en la viscosidad que produce y ello inhibe la difusión de nutrimentos en el tracto intestinal y posiblemente también retarda el vaciamiento del estómago.

Proteínas como componentes químicos funcionales

Los alimentos altos en proteína son otra de las tendencias en alimentos funcionales ya que producen mayor saciedad y apoyan en la disminución de peso, en la reducción de triglicéridos y de la presión sanguínea. De acuerdo a encuestas realizadas en Estados Unidos, cuatro de cada 10 consumidores están realizando esfuerzos para comer más proteína. La evidencia científica reciente indica que consumiendo de 25 a 30g de proteína por comida se optimiza el crecimiento muscular y el manejo del peso corporal. En las mismas encuestas se determinó que el 69% de los que están tratando de perder peso, consumen más alimentos y bebidas que promueven la saciedad.

Bebidas funcionales

Bebidas como el té negro (Camelia sinensis) contienen una serie de compuestos químicos que inhiben las enzimas que liberan las grasas. El té verde, por su parte, reduce el síndrome metabólico y algún riesgo de cáncer, beneficia la salud de los dientes, la densidad de los huesos y la degeneración neuronal; todo ello por los compuestos químicos que contiene como las catequinas, las que también apoyan en la pérdida de peso en personas obesas o con sobrepeso.

La cocoa reduce el peso corporal, la inflamación relacionada con la obesidad, la resistencia a la insulina, el hígado graso; también reduce la glucosa postprandial y el estrés oxidativo. Por sus antioxidantes, la cocoa puede modificar la respuesta glucémica, el perfil de lípidos, la agregación de plaquetas, la inflamación y la presión sanguínea; tiene efectos antimutagénicos, anticariogénicos y es benéfica para prevenir las enfermedades cardiovasculares e inflamatorias e incluso el cáncer.

El café es otra de las bebidas que, por las múltiples investigaciones que se han realizado en los últimos años, es considerada funcional. Sus compuestos químicos como los polifenoles, mejoran el metabolismo energético y reducen la acumulación de grasa abdominal o en el hígado. La cafeína tiene efecto supresor de la absorción de grasa. Además el café, tiene un sistema de antioxidantes que actúan potenciando su acción entre sí, entre los que se encuentran la cafeína, el ácido cafeico, los ácidos clorogénicos, entre otros. Estos antioxidantes pueden reducir el riesgo de aparición de diabetes tipo 2, de demencias tempranas, de cáncer hepático y de cáncer de colon, y tienen efectos benéficos para la salud cardiovascular. Su aroma tiene propiedades relajantes y el café es ampliamente reconocido por sus propiedades estimulantes que mejoran el estado de alerta y la concentración.

Las bebidas de jamaica (Hibiscus sabdariffa) se usan tradicionalmente contra la hipertensión, la diabetes, síndrome metabólico y desórdenes del hígado.

También la leche tiene propiedades benéficas a la salud y recientemente se ha encontrado, a partir de un estudio clínico, que el consumo diario de tres porciones reduce la presión sanguínea, de hombres hipertensos.

Frutas con propiedades funcionales

La investigación de componentes químicos que pueden beneficiar a la salud se ha intensificado para descubrir qué frutas y qué componentes presentan este efecto. En especial, se ha buscado evaluar la actividad antioxidante por su importancia para contrarrestar la acción negativa de los radicales libres que incrementan el riesgo de padecer enfermedades crónicas. Las denominadas frutas del bosque (arándanos, fresas, zarzamoras, grosellas, mora azul, frambuesas, maíz azul, etc.), contienen compuestos químicos denominados antocianinas, con actividad para reducir la glucosa en sangre, mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir la inflamación de los tejidos adiposos y prevenir dislipidemias (colesterol “malo” y triglicéridos altos).

El consumo de manzanas mejora el estado oxidativo de los tejidos y órganos ya que favorece la excreción de los ácidos biliares.

Las moras azules previenen enfermedades degenerativas como la diabetes, hiperlipidemia, hipertensión, osteoporosis, obesidad y neurodegeneración por sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios. También mejoran la función visual y previenen las infecciones del tracto urinario por su actividad antimicrobiana. Los compuestos químicos funcionales identificados en las moras azules, además de las antocianinas, son: ácido clorogénico, ácido alfa linoleico, resveratrol y vitaminas, que pueden pasar la barrera hematoencefálica. Procesadas como jugo, retardan la obesidad y reducen el riesgo de diabetes tipo 2.

Las frutas cítricas como la naranja, limón, toronja, contienen polifenoles que tienen efectos lipolíticos.

Los compuestos químicos funcionales de los arándanos son los flavonoides que disminuyen la resistencia a la insulina, mejoran el perfil de lípidos en el plasma, reducen la grasa visceral y el colesterol.

Las uvas y sus productos, contienen numerosos polifenoles, entre ellos el resveratrol, falvonol quercetina, catequinas y antocianinas que mejoran la condición de los pacientes diabéticos.

Las fresas contienen flavonoides que inhiben la inflamación, la acumulación de triglicéridos, carcinógenos, daño hepático, colesterol elevado, la oxidación de los ácidos grasos musculares. También contienen antocianinas y pelargonidinas que reducen la inflamación postprandial e incrementan la sensibilidad a la insulina en adultos con sobrepeso. Los compuestos fenólicos de las fresas son antioxidantes que mitigan la oxidación de los lípidos después de una comida alta en grasa.

El melón (Citrullus vulgaris) apoya para reducir o evitar las dislipidemias, la disfunción tiroidea y la oxidación. Recientemente se ha publicado sobre sus propiedades contra la fatiga.

Los productos funcionales que vienen

La industria alimentaria, incorpora los conocimientos y conceptos nuevos en el desarrollo de productos. Hemos atestiguado la presencia de alimentos reducidos en energía proveniente ya sea de azúcares o de grasas para ayudar en el control del peso, mejorar la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina. También de los productos que incorporan reemplazos para las grasas, usando sustitutos y eliminando las grasas saturadas de las que se sabe que pueden afectar la sensibilidad a la insulina y aumentar el riesgo de padecer diabetes tipo 2.

Es importante mencionar que de ninguna manera la dieta por sí misma puede resolver un problema como el sobrepeso o la obesidad, es necesario reducir el sedentarismo realizando actividad física moderada de cuando en cuando a lo largo del día hasta lograr incrementarla.

Ahora que somos testigos de la oferta de alimentos que aprovechan las propiedades funcionales que hemos mencionado y junto con la información científica generada sobre las propiedades de los componentes de los alimentos, tendremos la posibilidad de incorporar en nuestra dieta diaria alimentos con beneficios específicos en favor de nuestra salud.

 


Referencias:

  • Drouin-Chartier JP, Gigleux I, Tremblay A, Poirier L, Lamarche B, Couture P. 2014. Impact of dairy consumption on essential hypertension: a clinical study. Nutrition Journal 13:83.
  • FoodInsight.org
  • Roberfroid MB. 2002. Global view on functional foods: European perspectives. British Journal of Nutrition 88, Suppl 2, S133-S138.
  • Serrano J, Sánchez GI. 2008. Tendencias en alimentos funcionales contra la obesidad: ingredientes funcionales, alimentos tecnológicamente modificados y dietas completas. Rev. Española Nutrición Comunitaria 14(3): 193-200.