Hablemos Claro

El uso de los probióticos en las enfermedades gastrointestinales

Dra. Aurora Serralde Zúñiga
Consultora
Fundación Mexicana para la Salud
Instituto Politécnico Nacional

El tracto gastrointestinal contiene la mayor parte de los microorganismos que habitan en el cuerpo hu¬mano, diversas especies (alrededor de 500) conviven en armonía (microbiota) y su desequilibrio se ha asociado con diversas enfermedades. Se ha propuesto que esta variación influye en la susceptibilidad a las infecciones, la barrera intestinal y en la respuesta inmunológica; ya que las bacterias intestinales facilitan la digestión de los alimentos, intervienen en la nutrición (modifican algunos nutrimentos) y además participan en la formación del sistema inmune.

Los probióticos son utilizados para promover la salud digestiva y debido a que existen diferentes tipos, es importante encontrar el más adecuado para el beneficio de salud específico que se busca. La manipulación orientada de nuestra microbio¬ta intestinal busca prevenir y tratar la aparición de algunas enfermedades gastrointestinales como: la gastroenteritis aguda, la diarrea asociada a antibióticos, la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome de intestino irritable, la entero¬colitis necrotizante, la pouchitis, el hígado graso y la encefalopatía hepática (el amonio producido por la microbiota colónica se considera como uno de los factores desencadenantes), entre otras. A continuación se describen los principales hallazgos en algunos de los usos más comunes:

Gastroenteritis infecciosa: La diarrea infecciosa es causada por bacterias, virus o parásitos, existe evidencia de que los probióticos pueden prevenirla hasta en 35% o coadyuvar en su tratamiento. Bacterias lácticas como Lactobacillus rhamnosus y Lactobacillus casei pueden ser particularmente útiles en el tratamiento de la diarrea causada por rotavirus, que a menudo afecta a los bebés y niños pequeños. Varias cepas de Lactobacillus (L. acidophilus, L. bulgaricus) y una cepa de la levadura Saccharomyces boulardii pueden ayudar a tratar y acortar el curso de la diarrea infecciosa.

Diarrea relacionada con los antibióticos: Recibir algún antibiótico puede causar diarrea infecciosa hasta en 20% de los pacientes, lo anterior debido a la reducción en el número de microorganismos “buenos” en el intestino y que las bacterias que normalmente no generan problemas, pueden crecer fuera de control. Una de estas bacterias es Clostridium difficile, que es una causa importante de diarrea en pacientes hospitalizados y personas en asilos. El problema es que esta bacteria tiende a reaparecer o recidivar, pero no hay una evidencia contundente de que tomar probióticos tales como Saccharomyces boulardii pueda ayudar a prevenirlo. No obstante, recibir probióticos al empezar a tomar un antibiótico puede ayudar a prevenir la diarrea relacionada con los antibióticos. Aunque es importante tener en cuenta que en la mayoría de los casos la diarrea no es infecciosa, sino más bien es el resultado de la modificación de la microbiota normal en su intestino.

Síndrome de intestino irritable (SII): Es un trastorno del movimiento en el intestino, las personas pueden tener diarrea, estreñimiento o episodios de alternancia entre ambos. Esta alteración no es causada por alguna lesión o enfermedad, a menudo se diagnostica una vez que se descartan otras a través de diferentes estudios. Los probióticos, especialmente Bifidobacterium infantis, Sacchromyces boulardii, Lactobacillus plantarum y probióticos combinados pueden ayudar a regular la frecuencia los movimientos intestinales en las personas que lo padecen y ayudar a aliviar la distensión producida por el gas.

Enfermedad inflamatoria intestinal (EII): Aunque algunos de los síntomas son similares al SII, en la EII los intestinos se inflaman ya que se trata de una enfermedad del sistema inmune y los fármacos usados buscan disminuir esta grave inflamación. Los síntomas incluyen espasmos abdominales, dolor, diarrea, pérdida de peso y sangre en las evacuaciones. Hay dos tipos principales de la EII: la enfermedad de Crohn (afecta cualquier segmento de tracto gastrointestinal) y la colitis ulcerosa también llamada CUCI (afecta solo al intestino grueso).

La flora intestinal es clave en la fisiopatología de esta enfermedad y la terapia con probióticos tiene el objetivo de modificar la microbiota intestinal para disminuir la actividad inflamatoria y prolongar el mantenimiento de la remisión. La CUCI parece responder mejor a los probióticos que la enfermedad de Crohn. Parece que E. coli Nissle, y una mezcla de varias cepas de Lactobacillus, Bifidobacterium y Streptococcus pueden ser más benéficos.

Otros usos potenciales: los probióticos: también han sido usados para mantener una boca sana o algún otro segmento del tracto gastrointestinal, especialmente pueden ayudar en el manejo de complicaciones asociadas con el tratamiento del cáncer (mucositis). Además, en la prevención y tratamiento de ciertas enfermedades de la piel como el eccema, la promoción de la salud en el tracto urinario y la vagina, así como en la prevención de alergias (especialmente en niños). Aunque los resultados de los estudios sobre sus beneficios han tenido resultados mixtos.

En los últimos años se han realizado múltiples trabajos de investigación para entender mejor estas funciones y su influencia en algunas condiciones patológicas. Su comprensión permitirá modifi¬car la microbiota gastrointestinal mediante el uso racional de antibióticos, prebióticos, probióticos y simbióticos. Los antibióticos permitirán elimi¬nar microorganismos dañinos, los probióticos per-mitirán introducir microorganismos benéficos a nuestra microbiota, y los prebióticos permitirán fa¬vorecer la proliferación de microorganismos bené¬ficos o probióticos en forma sostenida y duradera.

Conclusiones

Los investigadores siguen caracterizando aún a la microbiota “saludable”, sus metabolitos e interacciones, estudiando las propiedades, mecanismos y enfermedades en las que pueden usarse y determinar estrategias terapéuticas eficaces para obtener sus beneficios. Los probióticos han demostrado que ayudan a regular el movimiento de los alimentos a través del intestino y pueden ayudar a tratar algunas enfermedades digestivas, algo de mucho interés para los médicos y especialmente para los gastroenterólogos, pero es importante considerar que mayormente complementan y no sustituyen a los tratamientos convencionales.

 

Bibliografía

  • García-Garibay, M., Revah, S., Gómez-Ruiz, L., (2004) “Productos lácteos”, en García-Garibay, M., Quintero-Ramírez, R. y A. López-Munguía, Biotecnología Alimentaria, México, Limusa, pp. 153-223.