Hablemos Claro

Probióticos y Prebióticos: Aspectos Generales

M. en C. Elisa Gómez Reyes
Nutrióloga-Investigadora
Departamento de Gastroenterología
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

Puntos Clave

  • Los probióticos se definen como aquellos microorganismos vivos que en cantidad suficiente confieren al huésped un beneficio a su salud.

  • Los prebióticos son sustancias alimenticias (polisacáridos no digeribles y oligosacáridos de difícil digestión para el ser humano) que nutren a un grupo selecto de microorganismos que pueblan el intestino y que favorecen la multiplicación de las bacterias benéficas (probióticos).

Durante miles de años, el ser humano ha co-existido con un increíble número de microorganismos que habita fuera y dentro de él. La mayoría de estos, se encuentra dentro del tracto gastrointestinal conformando lo que se conoce como microbiota intestinal humana (MIH).

La MIH es un ecosistema complejo con un importante papel en el mantenimiento de la salud gastrointestinal, el metabolismo del ser humano, la función inmunológica, la fermentación y la utilización de los nutrimentos que consumimos. La MIH está conformada por entre 10 y 100 trillones de bacterias de origen diverso, pero que de manera general se conforman en un 90% por las familias de Firmicutes y de Bacteroidetes. La composición de la MIH puede variar en función de muy diversos factores entre los que pueden citarse los siguientes:

    • Factores biológicos: herencia, edad.
    • Factores exógenos: condición fisiológica del intestino, dieta, medicación, microorganismos exógenos, estilo de vida, estrés.
    • Factores endógenos: productos del metabolismo, competencia de los microorganismos intestinales por las sustancias nutritivas, competencia por sitios de adherencia y proliferación.

Sin embargo, la MIH puede ser regulada y en su caso, restaurada conforme al tipo de dieta y al consumo de probióticos y prebióticos.

El término probiótico, se deriva del latín pro (en favor de) y bios (vida). Fue utilizado por primera vez en 1965 por Lilly y Stillwell, quienes acuñaron el término para referirse a “todo microorganismo que promueve el crecimiento de otros organismos”, en contraposición al término antibiótico. Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza el término para designar a todo conjunto de microorganismos vivos y viables que, consumidos en cantidad suficiente dentro de un producto o un preparado alimenticio, confieren un beneficio a la salud del huésped mediante la colonización o la implantación en una cavidad como lo es el intestino.

Entre los microorganismos benéficos para el cuerpo humano se pueden localizar bacterias, hongos y levaduras; y se denominan con base en el género, la cepa y la especie a la cual pertenecen mediante una clasificación alfa-numérica acordada por la comunidad científica (figura 1).

 



Figura 1. Nomenclatura utilizada para los microorganismos

 

Generalmente los alimentos lácteos fermentados son adicionados con algunos microorganismos probióticos (leches fermentadas y yogures); también se pueden agregar en otros derivados lácteos como el queso y los helados. Pueden encontrarse preparados de probióticos de tipo farmacéutico (pastillas, cápsulas y geles). Aunque cabe mencionar que en el caso de los alimentos adicionados de probióticos, no en todos están presentes en las cantidades suficientes para considerarse como funcionales.

Para que un microorganismo pueda ser postulado como probiótico debe cumplir por lo menos con los siguientes requisitos:

    • Ser integrante de la microbiota intestinal humana y haber demostrado su inocuidad en estudios controlados en humanos.
    • Ser resistente al proceso de digestión y a la degradación causada por los jugos gástricos y la bilis.
    • Tener la capacidad de adherirse a la pared epitelial y colonizar el tracto gastrointestinal o a una cavidad humana -como la vagina y las vías urinarias.
    • Tener influencia en la actividad metabólica local mediante la fermentación de sustratos como la fibra y la producción de ácidos grasos de cadena corta.
    • En el caso de productos comerciales, demostrar su estabilidad en el vehículo en el cual se incluyen y considerar la viabilidad de los microorganismos hasta el final de la vida de anaquel indicada por el fabricante.
    • Contar con información científica que demuestre los beneficios en la salud cuando se consume en cantidad suficiente.

Los géneros más utilizados que cumplen con las características anteriores corresponden al grupo de lactobacilos, bifidobacterias, estreptococos y levaduras como Saccharomyces. Recientemente también se han estudiado las fusobacterias y las actinobacterias. Cada microorganismo probiótico tiene funciones diferentes según el tipo de cepa, especie y género al que pertenezca, lo cual es preciso conocer antes de dar recomendaciones específicas para su consumo, debido a que diferentes cepas y especies podrían tener diferentes efectos en la salud de quien las consume.

Por otra parte, los prebióticos son ingredientes de alimentos que gracias a sus características fisicoquímicas tienen funciones semejantes a la fibra soluble, no son digeridos por completo en el estómago y en el intestino humano, tienen un bajo contenido energético y estimulan de forma selectiva el crecimiento de bacterias con actividad benéfica para el organismo, es decir, benefician a los probióticos. Los prebióticos más estudiados corresponden a la familia de la inulina, los fructo-oligosacáridos (FOS), los galactoligosacáridos, la lactulosa, xilo-oligosacáridos y los isomaltooligosacáridos; se encuentran de manera natural en alimentos como el poro, plátanos, cebolla, espárrago, ajo, cebada, cacahuate, tomate, achicoria, alcachofa, dalia, ajos y potencialmente en el agave. Como ingredientes, los prebióticos pueden adicionarse en muy diversos productos alimenticios como galletas, cereales para desayuno, panes, chocolate, cremas, bebidas rehidratantes, helados, yogurt, fórmulas lácteas infantiles y fórmulas para alimentación enteral.

Una diferencia importante entre los prebióticos y la fibra dietética, es que el consumo de los primeros, ha demostrado mejorar la absorción de nutrimentos inorgánicos tales como el calcio el magnesio, el zinc, el hierro y el cobre, razón por la que se proponen como coadyuvantes en el tratamiento de enfermedades asociadas a la deficiencias por malabsorción.

Con respecto a su inocuidad, no existe evidencia de que el consumo de probióticos y prebióticos se asocie a toxicidad o a riesgos para la salud en personas sanas; aunque el uso de probióticos en sujetos con inmunocompromiso severo debe realizarse con precaución. En el caso de los prebióticos, ingestiones superiores a los 10 gramos por día pueden llegar a producir un ligero malestar, flatulencia y distensión abdominal.

Los probióticos y los prebióticos en conjunto, se cree que actúan ampliamente a través de efectos directos e indirectos sobre la MIH. Si los probióticos son consumidos diariamente en una dosis de entre 108 y 1012 células, esta cantidad tiene el potencial de impactar en el tracto intestinal superior donde hay una menor densidad de microorganismos y también tener impacto en el colon. Los prebióticos favorecen el crecimiento de estos probióticos y de los existentes en el intestino, interactuando con su huésped por dos principales modos de acción:

    • Por impacto en la MIH existente.
    • Por la interacción con las células del huésped y el sistema inmune.

Diversas investigaciones han demostrado los beneficios potenciales a la salud que tiene consumir probióticos y prebióticos, entre los que se encuentran la acción cariostática (prevención de caries), a nivel intestinal la modulación del ecosistema a favor de la microbiota intestinal benéfica, protegiendo contra enfermedades gastrointestinales como la diarrea, la constipación y las enfermedades inflamatorias. Cabe mencionar, que el consumo de prebióticos tiene un efecto directo sobre la motilidad gastrointestinal, permitiendo una mejor formación de bolo fecal y favoreciendo deposiciones más suaves y frecuentes, además de que los productos de su metabolismo pueden ser transportados al hígado y a los tejidos periféricos induciendo cambios en el metabolismo intermediario. Por ello también han sido propuestos como auxiliares en la disminución de lípidos, glucosa en sangre e inclusive para el tratamiento de enfermedades como hígado graso, obesidad y encefalopatía hepática gracias a su capacidad de favorecer el crecimiento de los probióticos y modificar la microbiota intestinal humana.

 

Lecturas Recomendadas

  • Gómez Reyes E., Bueno Hernández N., “Nutrimentos Funcionales y Salud Gastrointestinal: Prebióticos, Fibra Dietética, Ácidos Grasos y Aminoácidos”, en: Villalobos Pérez, Valdovinos Días, (et al.), Gastroenterología, Méndez Editores, 201,2 pp. 993-998, ISBN: 978-607-7659-21-1.
  • Vargas-Vorácková, F., “Probióticos en Gastroenterología”, en: Villalobos Pérez, Valdovinos Días, (et al.), Gastroenterología, Méndez Editores, 2012 pp. 999-1009, ISBN:978-607-7659-21-1.
  • Quigley, E., “Prebiotics and Probiotics: Their Role in the Management of Gastrointestinal Disorders in Adults”, Nutr Clin Pract, 2012; 27: 195-200.
  • Gómez Reyes, E., Bernal Barroeta, B., “Los probióticos en la prevención y el tratamiento de las diarreas”, en Cuadernos de Nutrición Nov-Diciembre 2011; 6: 217-225, México
  • Gómez Reyes E., Montero A., Prebióticos ¿De Agave? Énfasis en alimentación. Septiembre 2010 (8): 70 a 72.
  • Gómez- Reyes, E., Orea-Tejeda, A., Castillo-Martínez, L., Cassis-Nosthas, L., Vargas-Vorácková, F., “Prebiotics Consumption Modify Diastolic Blood Pressure, but Does Not Affect Serum Lipids Concentration in Volunteers with Ischemic Heart Disease”, International Journal of Prebiotics and Probiotics, 2010; 5(3): 141-8. ISNN: 1555-1431.
  • Gómez, E., Tuohy, K., Gibson, G., Klinder, A., Costabile, A., ”In Vitro Evaluation of the Fermentation Properties and Potential Prebiotic Activity of Agave Fructans”, Journal of Applied Microbiology, 2010; 108(6):2114-2121. ISSN: 1364-5072. doi:10.1111/j.1365-2672.2009.04617.