Hablemos Claro

Fibra y saciedad

Dra. Mónica Rosalía Jaime Fonseca
Centro de Investigación en Ciencia Aplicada y Tecnología Avanzada
Unidad Legaria
Instituto Politécnico Nacional

En los últimos reportes presentados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la prevalencia de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta como obesidad, hipertensión y diabetes tipo 2, se ha incrementado dramáticamente en nuestro país, ocupando actualmente el primer lugar de obesidad a nivel mundial. Una de las mayores preocupaciones es que esta enfermedad es cada vez más común en niños menores de cinco años. En un esfuerzo por revertir esta tendencia, se están desarrollando alimentos estructurados para controlar la velocidad de liberación de ciertos nutrimentos o disminuir la velocidad de vaciado del estómago, lo que limitaría la cantidad de comida que la persona podría consumir, aumentando también los períodos de saciedad.

El término de “saciedad” ha sido empleado para referirse al “periodo entre comidas”, es decir, cuando no ingerimos alimentos. Este fenómeno es complejo y está controlado por el sistema nervioso central en respuesta a estímulos fisiológicos hormonales que desencadenan una serie de reacciones que nos disponen a comer. Sin embargo, hoy en día, como resultado de la vida moderna se consumen alimentos procesados, adicionados con grasas saturadas y carbohidratos (almidones) de rápida digestión, acelerando los procesos digestivos y de absorción en el tracto gastrointestinal. En consecuencia, tenemos hambre con más frecuencia, los periodos de saciedad se hacen cada vez más cortos, provocando que se consuman más calorías de las que necesitamos. De acuerdo con diferentes estudios, cuando se incluyen almidones de rápida digestión y azúcares refinados en la dieta diaria, los niveles de glucosa en sangre aumentan significativamente, lo que puede resultar en efectos perjudiciales para la salud.

En este escenario, se ha propuesto la adición de fibras solubles, como goma de guar, ß-glucanos, pectina y fibras insolubles en los sistemas de alimentos para prolongar los periodos de saciedad, reducir el riesgo de intolerancia a la insulina y la diabetes tipo 2, al modificar la tasa de absorción de moléculas como la glucosa en sangre. Por ejemplo, investigaciones recientes han demostrado que el consumo de yogurt bajo en grasa adicionado de goma guar, redujo los niveles de colesterol.

Aunque no se conoce el mecanismo de acción de la fibra, se aceptan sus beneficios para la motilidad intestinal, disminuyendo el tiempo de vaciado del estómago e incrementando la viscosidad del quimo intestinal formado por el alimento ingerido junto con las enzimas, las sales y el agua.

Asimismo, las grasas y los azúcares presentes en los alimentos pueden ser sustituidos con fibras o almidones resistentes al efecto de las enzimas gastrointestinales y con edulcorantes naturales o artificiales, respectivamente, para reducir el contenido calórico de la comida. Mediante el uso de sustitutos de la grasa, por ejemplo, la densidad energética de los alimentos puede ser potencialmente reducida. Se ha informado que una reducción en la proporción de grasa en la dieta en un 10% puede resultar en una disminución correspondiente de 238 kilocalorías por día de la ingesta total de energía y puede producir una pérdida de peso de aproximadamente 3.2 kg.

Como puede observarse, la inclusión de fibra en la dieta puede traer beneficios significativos en la salud de las personas con problemas de sobrepeso y obesidad prolongando la sensación de saciedad, mejorado la motilidad intestinal y disminuyendo el aporte calórico de los alimentos.

 

Referencias sugeridas:

  • JOHNSTONE, A. M. 2010, “Protein and Appetite control” en Food Science and Technology, 24, 21-24.
  • FORESIGHT 2007. Tacking Obesities: Future Choices - Project Report. In: SKILLS, D. O. I. U. A. (ed.). UK: Goverment Office for Science.
  • SCOTT, S., 2011, “The Retromer Pathway Links Obesity and Diabetes to Alzheimer's Disease”, en Alzheimer's and Dementia, 7, S283-S284.
  • WHO. 2011. Obesity and overweight [Online]. Available: www.who.int [Accessed May 2011].