Hablemos Claro

La fibra en la modulación de la microbiota intestinal

M. en C. Elisa Gómez Reyes
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

¿Qué es la microbiota intestinal?

Se conoce como microbiota al conjunto de microorganismos que colonizan la superficie del cuerpo humano que se encuentra expuesto al medio ambiente, como la piel, las uñas, la nariz, los ojos, los genitales, el cabello, la boca y el tubo digestivo. Entre el 70 y 80% de estos microorganismos se concentra en el intestino y se le conoce como microbiota intestinal humana.

La microbiota intestinal humana es un ecosistema complejo conformado por más de 50 phylas o familias de microorganismos de los cuales más del 90% corresponde a la familia de bacteroidetes y de firmicutes, que a su vez concentran a la mayoría de los lactobacilos, bifidobacterias, bacteroides, clostridium, eubacterium, levaduras, actinobacterias y virus hasta ahora conocidos.

La microbiota intestinal humana se determina durante los primeros 4 años de vida y puede ser modificada en mayor o menor medida  a lo largo del tiempo por el tipo de dieta, el consumo de medicamentos como antibióticos, anti-inflamatorios, laxantes, antiácidos, por la higiene en la preparación y consumo de alimentos, la edad, el estrés, y la presencia de enfermedades.

La microbiota intestinal es tan característica para cada persona que podría ser vista como una huella digital, y tan diversa que tan solo en el intestino existen 100 trillones de microorganismos, más de 1,014 diferentes tipos de bacterias y que en conjunto representan 2 o 3 kilogramos de nuestro peso corporal.

La microbiota intestinal no se distribuye de manera homogénea en el tubo digestivo, sino que más del 99% se concentra en el colon con un fuerte predominio de anaerobios estrictos, ejerciendo funciones metabólicas, nutricionales y de protección contra bacterias dañinas que la vuelven indispensable para la salud del ser humano, mientras que este le entregue nutrimentos y condiciones adecuadas para su crecimiento y estabilidad.

De entre los nutrimentos más importantes para mantener una micriobiota intestinal sana se encuentra el adecuado consumo de fibra dietética o alimentaria.

¿Qué es la fibra dietética?
La fibra dietética se define como todo residuo de alimentos o remanente de la pared celular de plantas que resiste a los procesos digestivos y enzimáticos del intestino delgado para ser fermentada y procesada en el intestino grueso. De acuerdo a sus propiedades de viscosidad, solubilidad, resistencia a la digestión y su capacidad de fermentación la fibra dietética puede clasificarse como:

- Fibra soluble, cuando tiende a formar geles en su contacto con el agua y es fermentada por el colon. Incluye pectina, gomas, mucílagos y oligosacáridos y se encuentra principalmente en frutas y vegetales.
- Fibra no soluble o insoluble, cuando apenas sufre procesos fermentativos en el colon y tiene un mayor efecto en el tránsito intestinal y la formación del bolo fecal. Es representada por la lignina, la celulosa y la hemicelulosa y se encuentra principalmente en cereales y leguminosas.

De acuerdo a la Asociación de Dietética Americana, la recomendación general para el consumo de fibra es de 14g por cada 1000 kilocalorías de energía consumidas, o de 25g/día para una mujer adulta y de 38g para el hombre. La fibra debe ser obtenida en el consumo de frutas, verduras, cereales integrales, granos enteros y leguminosas.

El consumo de fibra debe guardar una relación 3:1 de fibra soluble: insoluble, para lo cual el departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés) recomienda un consumo de entre 6 y 11 porciones de cereales y derivados de granos, y de entre 3 a 5 porciones de verduras y frutas. Por su parte, la norma oficial mexicana y el plato del buen comer recomienda que en cada tiempo de alimentación se incluya por lo menos uno del grupo de frutas y verduras y un alimento del grupo de cereales integrales, y que a lo largo del día esto sea combinado con leguminosas.

Es importante remarcar que aunque el nivel máximo tolerable para el consumo de fibra no se ha establecido con precisión, un exceso en su consumo puede dificultar la absorción de vitaminas, minerales, proteínas y energía; además de efectos secundarios tales como flatulencia, distensión abdominal, dolor e inclusive diarrea.

¿Cómo ayuda la fibra a la modulación de la microbiota intestinal?

La fibra dietética, primordialmente la soluble, está conformada por hidratos de carbono no digeribles cuya fermentación en el colon libera agua y gases como el dióxido de carbono, hidrógeno, metano, y ácidos grasos de cadena corta como el acetato, el propionato y el butirato en una proporción aproximada de 60%, 20%, 20% de acuerdo a la naturaleza de la fibra consumida.

Estos ácidos grasos, en especial el butirato, son el alimento principal para el colonocito (célula del colon) y son utilizados como fuente de energía por las bacterias benéficas intestinales como los Bacteroides, Clostridium, Lactobacillus, Fusobacterum, bifidobacterium, eubacterium, peptococcus y Escherichia permitiendo así el mantenimiento estructural del epitelio intestinal y una microbiota intestinal sana.

Además estos ácidos grasos, producto de la fermentación de la fibra, ayudan al mantenimiento de un pH intestinal bajo que determina el medio ambiente propicio para estimular el crecimiento de bacterias benéficas e inhiben el crecimiento de microorganismos patógenos.

Estudios en humanos y animales han demostrado que cuando una persona consume una dieta alta en grasa y baja en fibra, se presenta un desequilibrio en el tipo de microflora intestinal normal –también denominado disbiosis intestinal- en el cual se presenta un incremento de especies de bacterias como los firmicutes, que se han asociado al desarrollo de obesidad, hígado graso, síndrome metabólico y al incremento de concentraciones plasmáticas de sustancias pro-inflamatorias que ocasionan endotoxemia y un desequilibrio metabólico secundario.

Otros de los mecanismos propuestos para la modulación de la microbiota intestinal humana mediante la fibra, es el hecho de que esta ejerce un efecto “de arrastre” y de formación de geles con ciertas sustancias potencialmente cancerígenas, que de no ser atrapadas podrían estar en contacto con el epitelio intestinal ocasionando mutaciones y cambios en la composición de la microbiota intestinal.

A grandes rasgos se podría concluir que: en la medida en la que consumimos una adecuada cantidad de fibra diariamente, le estaremos brindando a los microorganismos que habitan nuestro intestino los sustratos y el medio ambiente propicio para que las bacterias benéficas se desarrollen, y para prevenir la colonización y el crecimiento de bacterias patógenas o dañinas manteniendo una adecuada salud gástrica e intestinal.

Referencias:

  • Gómez Reyes, E., Bueno Hernández, N., “Nutrimentos Funcionales y salud gastrointestinal”, en Villalobos, Gastroenterología, Méndez Editores, 6ª ed. 2012; 139:993-998.
  • Morales, P., Brignardello, J., Gotteland, M., “La microbiota intestinal: Un nuevo actor en el desarrollo de la Obesidad” en Rev Med Chile 2010; 1020-1027
  • Quigley, E., Prebiotics and Probiotics: “Their Role in the Managment of Gastrointestinal Disorders in Adults”, JNCP 2012; 27: 195-200
  • Shanan, F., “The Intestinal Microbiota in Health and Disease: Bystanders, Guardians or Villains?” en Mullin, G., Integrative Gastroenterology, Oxford University Press, 2010; 4: 43-52.
  • The International Life Sciences Institute (ILSI) North America Committee on Gut Microbes and Health Consensus Conference on “Defining a Healthy Gut micobiome” Diciembre 2011, Washington DC.