Hablemos Claro

¿Seremos capaces de producir todos los alimentos que demandará la creciente población humana?

Dr. Victor M. Villalobos
Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura
San José, Costa Rica

Por diversas fuentes de información, sabemos  que los habitantes del planeta llegarán a más de 9 mil millones de habitantes para el año 2050, (lo que está a 36 años de distancia). Esta proyección nos plantea la duda respecto a si seremos capaces de  producir los alimentos en cantidad y calidad necesarios para enfrentar este formidable reto. La respuesta, a la luz de la realidad actual, no se antoja muy alentadora si tomamos en cuenta  factores inherentes a: la baja productividad agropecuaria y pesquera, los altos costos ambientales para producir los alimentos, la disminución y degradación de los recursos agua y suelo, los imponderables climatológicos cada vez más frecuentes e impredecibles y las políticas de mercados distorsionantes  y especulativas.

Se calcula que para lograr alimentar a los nuevos habitantes del planeta, (más los ya existentes), deberemos aumentar la producción de alimentos en al menos un 70% durante los próximos 30 años. Adicionalmente, habrá que tomar en cuenta que aproximadamente 3 mil millones de consumidores pasarán del nivel de pobreza a clase media y que demandarán mayor cantidad de proteína y otros diversos productos alimenticios de altos costos, que tendrá impactos en la seguridad alimentaria mundial.

Siendo la agricultura la principal responsable de la producción de alimentos desde el propio origen del hombre, ésta deberá también ser la responsable de plantear alternativas de solución a este desafío. La forma más segura de enfrentarlo será a través de instrumentar  políticas que permitan impulsar la innovación y el conocimiento técnico y científico aplicado a la productividad agrícola.

Estamos ante un nuevo paradigma de la agricultura. Las prácticas agropecuarias actuales están dando paso a una nueva agricultura, más eficiente, más sustentable y más inclusiva. Más eficiente porque tendrá que duplicar la producción en la misma superficie y con menos agua y suelos más degradados; más sustentable porque deberá reducir el impacto ambiental y los gases de efectos invernadero; más inclusiva, porque deberá tomar en cuenta a todos los productores, grandes, medianos y pequeños para responder complementariamente a esta cruzada.

Los grandes adelantos tecnológicos y científicos permiten  ver con optimismo  que es factible corresponder a la demanda alimenticia mundial si se utilizan responsablemente las herramientas tecnológicas que hoy día están a nuestro alcance. La producción de los cultivos agrícolas, principalmente los cereales y oleaginosas, deberá verse apoyada con buenas prácticas agrícolas, así como con los adelantos científicos más modernos asociados a la biotecnología (desde la micropropagación de individuos superiores hasta la transformación genética), las buenas prácticas de conservación de suelos y agua, la siembra directa y la labranza de conservación, el manejo integrado de plagas y enfermedades y el manejo post cosecha, el uso de los sistemas modernos de geomática, predicción de cosechas y comercialización. La genética y la genómica en la producción animal y la acuicultura, serán de gran aporte para garantizar la producción  de proteína animal para los crecientes mercados.

Hoy día, el cambio climático está impactando la producción agropecuaria y lo seguirá haciéndolo con mayor frecuencia y severidad en el futuro; por ello, la innovación, la investigación científica y la inversión económica, deberán aplicarse eficiente y responsablemente para adaptar  los cultivos y las razas animales a temperaturas extremas, nuevas enfermedades y plagas, estrés hídrico y mayor contaminación en el suelo y en la atmósfera.

Los cambios climatológicos y el crecimiento demográfico con todas sus implicaciones no se pueden detener. Lo que resta es adaptar nuestros sistemas productivos a esta realidad,  sustentándolos en el conocimiento, la innovación tecnológica y la responsabilidad política para estar en mejores condiciones de garantizar los alimentos para todos; de no ser así, los impactos que generarán las sociedades con hambre y sed, serán mucho más severos e impredecibles que los que ahora enfrentamos.