HC

¿Qué es el "Análisis de Ciclo de Vida”?

Dra. Carolina López Suero
Departamento de Ingeniería y Ciencias Químicas
Universidad Iberoamericana

Usualmente el Análisis de Ciclo de Vida (ACV o Life Cycle Assessment, LCA por sus siglas en inglés), se hace, como coloquialmente se dice, desde la cuna hasta la tumba; es decir, desde la extracción de las materias primas, hasta su disposición final. Sin embargo, puede hacerse también por secciones; por ello, no es extraño ver términos como “de la cuna a la puerta”, “de la puerta a la puerta” o “de la puerta a la tumba”. En este contexto, la puerta se refiere a la de la fábrica donde se lleva a cabo el proceso de manufactura.

Para los procesos y los productos, esta metodología ha sido estandarizada por la Organización Internacional de Estandarización (ISO, por sus siglas en inglés International Standard Organization) en las normas ISO 14040:2006 e ISO 14044:2006.

El Análisis de Ciclo de Vida tiene 4 etapas fundamentales:

1. Definición de los objetivos y alcance. En esta etapa es importante establecer el uso que va a tener este estudio, las razones por las cuales se realiza, a quién va dirigido, cómo va a ser utilizado, sus límites y de qué supuestos se parte, entre otros.

2. Análisis de inventario. En este punto es importante identificar, cuantificar y documentar una contabilización detallada de los recursos usados, así como de las emisiones generadas.

3. Evaluación del impacto. Los resultados de la etapa anterior se utilizan en este momento para evaluar los efectos ecológicos y humanos que genera el proceso o actividad que se está estudiando. Este punto es sumamente delicado e intrincado, pues muchas de las emisiones no generan un impacto directo, sino que están interconectadas y, por ende, generan sistemas complejos.

4. Interpretación. Este es el punto en el que se realiza un análisis, por lo general estadístico, utilizando los resultados de las etapas 2 y 3.

Contar con un ACV tiene varias ventajas, como: evaluar con una metodología ampliamente aceptada y avalada el grado de “verdor” de un proceso; identificar las áreas de mayor impacto humano o ambiental y, en cosencuencia, las áreas de oportunidad para mejorar el sistema; contar con información confiable para establecer proridades o rediseñar un proceso; determinar carencias en la cuantificación de información, entre muchas otras.

Si bien es cierto que puede ser un estudio largo y costoso, es esencial tener herramientas como esta para encaminar la industria hacia procesos más sustentables. Por lo que, si alguna vez como consumidores tienen la oportunidad de analizar un producto o proceso bajo esta metodología, seguramente podrán tomar una decisión más responsable y objetiva.

Referencias:

  • Jiménez-González, C., & Constable, D. J. (2011). Green Chemistry and Engineering. A Practical Design Approach. Singapore: John Wiley & Sons.
  • Mestres, R. (2011). Química Sostenible. Madrid, España: Editorial Síntesis, S.A.