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¿De dónde viene la energía que los mexicanos consumimos?

Dra. Ruth Pedroza Islas
Ingeniería de Alimentos
Universidad Iberoamericana

La epidemia actual de obesidad refleja, sin lugar a dudas, un desbalance entre la ingestión y el gasto de energía. Cuando hay un incremento en la ingestión de energía y una reducción en el gasto de esa energía, el almacenamiento de grasa en el organismo se incrementa. Entre las interrogantes que surgen alrededor de esta circunstancia, la primera sería: ¿Cómo influye la dieta en el desbalance energético?, sin embargo hay otras preguntas importantes: ¿cómo se regula la ingestión de alimentos? ¿Cómo influencian los factores genéticos el incremento de riesgo de padecer obesidad? ¿Considerando los factores socioeconómicos, todos tenemos acceso a una dieta saludable?

Uno de los factores de mayor relevancia relacionado con la dieta y que interviene en el desarrollo de la obesidad, es su composición de macronutrimentos.

 


Fuente: García-Urigüen P. 2012. La alimentación de los mexicanos. CANACINTRA, México

 

La discusión se ha centrado en el “elevado consumo de carbohidratos” en la dieta, sin embargo de acuerdo con la tendencia de consumo energético, en el periodo de 1964 a 2000, la ingestión de carbohidratos se redujo en 9.8%. Por otro lado, la de grasas se incrementó en 36.4%, como se demuestra en el estudio “La alimentación de los mexicanos”, publicado en el año 2012.

Es decir, se redujo el consumo de macronutrimentos que aportan 4 kcal/gramo (carbohidratos) pero se incrementó considerablemente el de los que aportan 9 kcal/gramo (grasas).

Con estos datos, quizá surja la intención inmediata de explicar la alta prevalencia de obesidad de los mexicanos por esta conspicua elevación en el consumo de grasas, sin embargo no parece simple si se observa en la siguiente gráfica, en la que se muestra que México tiene un consumo por persona muy por debajo de países altamente industrializados como Estados Unidos y Canadá, e incluso ligeramente menor que el promedio mundial. No obstante, en México el consumo de energía por la dieta por persona es de 3,160 kcal, lo cual excede de manera general las necesidades de consumo.

 


Fuente: García-Urigüen P. 2012. La alimentación de los mexicanos. CANACINTRA, México

 

Si bien a través de diversos estudios de investigación epidemiológica no pueden indicarse relaciones causales entre dieta y obesidad, si hay una asociación entre la proporción de energía obtenida a partir de dietas altas en grasas y la prevalencia del sobrepeso. Parece entonces, que hay que observar la composición de las grasas en la dieta y de manera específica, la proporción entre los ácidos grasos omega-6 y los omega-3. Se ha señalado, a partir de estudios en los aspectos evolucionarios de la dieta, que los cambios más importantes están relacionados con el tipo y cantidad de ácidos grasos y el contenido de antioxidantes de los alimentos.

En las dietas modernas se consume una mayor cantidad de ácidos grasos omega-6 en relación con los omega-3. Las células de los mamíferos no pueden convertir los omega-6 en omega-3, así que estos últimos deben estar presentes en la dieta ya que a este grupo pertenecen diversos ácidos grasos esenciales con funciones específicas para el organismo.

Si hay un desequilibrio importante en la relación de omega-6/omega-3, la presencia en exceso de los primeros favorece la producción elevada de compuestos que además de otros efectos, aumentan la viscosidad de la sangre propiciando un ambiente pro-trombótico (que favorece la formación de trombos), de incremento de alergias e inflamación y que favorece la formación de tejido graso.

Al respecto, se han observado diferencias entre los niños europeos y los americanos en cuanto a prevalencia de sobrepeso (aproximadamente 9% en comparación con 32% respectivamente) y obesidad (aproximadamente 4% vs 7.5%). La alimentación de los niños europeos y americanos es similar en cuanto a la ingestión de energía, pero el porcentaje de ácidos grasos poliinsaturados del grupo de omega-6 es alrededor de 1.5 veces mayor en los niños americanos que en los franceses, lo que parece contribuir al desarrollo excesivo de tejido graso (adiposo). Es relevante entonces, incrementar el consumo de alimentos ricos en omega-3, incorporando en la dieta pescados de agua fría (salmón, atún, trucha, entre otros) y semillas como el cacahuate, girasol, ajonjolí y linaza por ejemplo.

No obstante, no hay que olvidar que no hay alimentos buenos o malos, sino una dieta bien o mal equilibrada, que hay que fomentar una alimentación saludable y promover la actividad física, sin dejar de lado otros factores relevantes que pueden apoyar en revertir el sobrepeso y la obesidad, como la educación y los aspectos económico-sociales.

Referencias:

  • Ailhaud G, Massiera F, Weill P, Legrand P, Alessandri JM, Guesnet P. 2006. Temporal changes in dietary fats: Role of n_6 polyunsaturated fatty acids in excessive adipose tissue development and relationship to obesity. Progress in Lipid Research 45: 203–236.
  • Blasbalg T, Hibbeln JR, Ramsden CE, Majchrzak S, Rawlings R. 2011. Changes in consumption of omega-3 and omega-6 fatty acids in the United States during 20th century. American Journal of Clinical Nutrition 93: 950-962.
  • García Urigüen P. 2012. La alimentación de los mexicanos. CANACINTRA. México.
  • Simopoulos AP. 2002. The importance of the ratio of omega-6/omega-3 essential fatty acids. Biomedicine & Pharmacotherapy 56: 365-379.