HC

Obesidad infantil

M.C. y Lic. Nutrición Ana Isabel Jolly Vallejo
Universidad Anáhuac del Norte

En un esfuerzo por detener el aumento de este padecimiento e incluso prevenirlo, hace tres años se lanzó un programa de acciones enfocadas a mejorar la salud alimentaria. Es importante mencionar que desde esa fecha por lo menos una vez a la semana los periódicos publican noticias relacionadas con el tema. Sin embargo en la mayoría de ellas no se hace referencia a ningún programa para mejorar la alimentación de los niños; a cambio se señala reiteradamente a la industria de alimentos como responsable de esta enfermedad.

Se ha insistido en numerosas ocasiones en que la obesidad infantil es un problema multifactorial, por ello los enfoques reduccionistas no tienen lugar. Hace falta tener disponible una gama amplia de análisis que evalúen a profundidad la diversidad de factores que están implicados en esta enfermedad. Los índices revelados por la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición del 2012, realizada por el Instituto de Salud Pública de México, indican un aumento del 30% de obesidad en los escolares de educación básica. Esta cifra coloca a los niños mexicanos en el primer lugar de obesidad a nivel mundial.

La obesidad se diagnostica a partir de la medición del tejido adiposo, que en el caso de presentar este padecimiento será excesivo. En los niños se toma como referencia las tablas de peso, talla e IMC (índice de masa corporal) que han sido establecidas por el Centro de Control de las Enfermedades, en Atlanta, o bien las diseñadas por la Organización Mundial de la Salud.

La obesidad, como la mayoría de las enfermedades que se padecen hoy en día, tiene factores genéticos y ambientales involucrados en el desarrollo de las mismas. Los factores genéticos están determinados por el genoma humano, lo cual hace que sean difíciles de controlar pues cada persona tiene un código genético particular. Por otro lado, los factores ambientales pueden ser intervenidos y controlados para prevenir las complicaciones que la obesidad implica a futuro. Los parámetros ambientales incluyen los hábitos de alimentación y la actividad física. Dentro de las medidas que se pueden tomar, incluso a nivel gubernamental, se encuentra la implementación y desarrollo de programas para mejorar esos hábitos. Estos programas resultarán benéficos tanto para prevenir la obesidad, como para combatirla; además de que podrían significar un apoyo económico para el sistema de salud, ya que los costos del tratamiento de la obesidad en la vida adulta terminarán por ser imposibles de solventar.

Hoy se reconoce como el factor de mayor relevancia en el problema de la obesidad, a la falta de actividad física, especialmente en el caso de los escolares. En las sociedades contemporáneas contamos con una serie de productos para facilitar la vida, lo que nos ha llevado a disminuir el gasto energético cotidiano. Esta búsqueda de la comodidad trae como consecuencia una menor cantidad de movilidad y esfuerzo físico que podrían ayudar a tener un balance energético adecuado.

Junto con estos factores, hay otros determinantes sociales y económicos que han contribuido al desarrollo de la obesidad infantil, ya que cada vez con mayor frecuencia se hace presente la inseguridad en la que se vive en las ciudades. Por ello los padres de familia no permiten que sus hijos realicen actividades fuera de casa, lo que promueve el uso de la televisión o juegos de video. En términos de la legislación para la construcción de edificios, no se cuenta con ninguna cláusula que obligue a que los inmuebles cuenten con áreas verdes y de recreación, por lo que las familias que los habitan carecen de espacios para desarrollar actividades físicas.
Por otra parte, en las grandes ciudades con problemas de tránsito vehicular, como la ciudad de México donde el promedio de tiempo de transporte por habitante por día es de casi 3 horas, se contribuye al desarrollo de obesidad, ya que cada hora de sedentarismo incrementa en más de 10% el riesgo de obesidad. A ello hay que sumar las horas frente a la TV, entre otras actividades sedentarias como las largas jornadas laborales en oficinas.

La estructura familiar actual también puede estar contribuyendo al desarrollo de la obesidad; se marca una diferencia en los hábitos cotidianos desde el momento en que las madres de familia se incorporan a la fuerza laboral del país, con ello algunas de las funciones básicas relacionadas con el hogar, han debido modificarse. Entre éstas se pueden mencionar la planeación de menús familiares y la supervisión de la alimentación de los infantes. Esta situación conlleva cambios en la conducta de las madres quienes, en algunos casos cuando hay vacíos de convivencia, atención y amor tratan de suplirlos con productos alimenticios.

Otro de los factores que se debe considerar es la educación de la madre en los aspectos relacionados con la alimentación de sus hijos. Por ejemplo, desde el nacimiento los pequeños poseen la capacidad de la sensación de plenitud, sin embargo al ir creciendo, si las mamás les ofrecen cantidades exageradas de comida y les sirven raciones de igual tamaño que las de los adultos y a pesar de que el hijo muestre señales de sentirse satisfecho, lo obligan a seguir comiendo, la sensación de saciedad se disminuye e incluso se pierde. Aunado a esto, cuando se acude al médico para el seguimiento del adecuado desarrollo infantil, el médico familiar menosprecia el peso de los niños menores de 5 años.

Otro fenómeno común es ofrecerle al niño productos alimenticios de densidad energética elevada para consumir en el trayecto de la escuela a su casa. Esto provoca que al llegar al hogar el pequeño haya cubierto su necesidad de alimentación, y por lo tanto su deseo de comer esté disminuido. Sin embargo se le obliga a ingerir todos los alimentos propios de la comida, promoviendo con ello su desbalance energético, y por consecuencia, se incrementa el riesgo de padecer sobrepeso u obesidad.

Hay que insistir en que el problema de la obesidad infantil implica parámetros de salud, de educación, sociales y económicos que provocan el aumento de la presencia de esta enfermedad en la población infantil. A pesar de que la educación en salud en todas las etapas de la vida debería ser una prioridad, buscar atender este grave padecimiento desde una sola acción conduciría al fracaso, tal como hoy se está corroborando. Es urgente abordarlo desde todos sus componentes mediante una acción unida y decidida del gobierno, la sociedad, las empresas y las instituciones académicas y de investigación.

Fuente:

  • ENSANUT 2012. Instituto Nacional de Salud Pública.
  • Nutrinfo.com (2010) “Obesidad y Síndrome Metabólico en la Infancia y la Adolescencia”, curso impartido por la Universidad Nacional de Tucuman, Argentina, dirección a cargo de la Dra. Irina Kovalskysy el dr. Jorge Braguinsky
  • www.who.int/childgrowth/standards/es/
  • www.cdc.gov/growthcharts/