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La obesidad infantil y el bienestar emocional

Mtro. Fernando Salinas Quiroz
Facultad de Psicología

Universidad Nacional Autónoma de México

La manera en que la sociedad ha conceptualizado la obesidad ha conducido a que las personas obesas, incluyendo los niños, sean señaladas con prejuicios no-racionales que afectan negativamente la autoestima, que llevan a la marginación y finalmente ocurre un detrimento en la calidad de vida.

Mucho se ha escrito sobre la obesidad infantil desde la perspectiva médica, sin embargo en esta enfermedad hay un componente psicológico importante que en ocasiones es dejado de lado. 

Hoy los niños y los jóvenes son sensibilizados para preferir culturalmente a las personas delgadas, así que muchas veces los niños obesos son considerados como de menores capacidades y se ha observado que no siempre pueden conseguir amigos. Su identidad se encuentra relacionada con su cuerpo identificándolo como “gordito”, calificativo que puede llegar a constituir un estigma.

Para el psicoanálisis el cuerpo se construye a partir de la relación con el otro; a través de la satisfacción de las necesidades vitales. El cuerpo no es sólo biológico, sino simbólico, es decir, produce síntomas distintos en cada uno, pues la imagen del cuerpo está ligada al sujeto y a su historia. Esta imagen es eminentemente inconsciente: síntesis viva de nuestra experiencia emocional y relacional. Ya Freud lo decía desde 1923: “el YO es ante todo un ser corpóreo”.

En México, la obesidad infantil es un problema de salud pública, cuya prevalencia se ha incrementado considerablemente en los últimos años para alcanzar actualmente un promedio de alrededor del 30 %. Más o menos la mitad de los casos de niños obesos han padecido esta enfermedad antes de los dos años, la otra mitad se torna obeso en la pubertad y la adolescencia. Causa alarma saber que el 80% de los niños que llegan con obesidad a la adolescencia, continuarán siendo obesos el resto de su vida.

La obesidad es uno de los factores que aumenta el riesgo de presentar síndrome metabólico, que se refiere a un grupo de elementos de riesgo que encamina a los niños hacia enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2. Los niños con síndrome metabólico poseen al menos tres de los siguientes componentes:

 

         Elementos de riesgo del síndrome metabólico

Grasa excesiva en el abdomen (obesidad)

Hipertensión

Niveles anormales de grasa en sangre,
 incluido el colesterol y los triglicéridos

Hiperglucemia

 

Si bien, como ya fue mencionado, la obesidad es sólo uno de los factores de riesgo dentro del síndrome metabólico, nos centraremos en ésta, pues es propensa a ser tratada psicoanalíticamente –la obesidad cómo expresión somática-.

La clínica psicoanalítica confirma que la obesidad no es considerada una forma especial de estructura o psicopatología, pero sí reúne requisitos para analizarla como un síntoma de diferentes niveles de gravedad, presente en cualquiera de las entidades psicopatológicas.

El infante humano, en su indefensión, depende de su cuidador para sobrevivir y su cuerpo experimentará placer o dolor a través de los cuidados prodigados. La alimentación no es sólo el cumplimiento de una necesidad corporal, sino el eje de la interacción más precoz entre madre e hijo. Si bien se refiere a la extinción del hambre fisiológica, la alimentación es también prototipo de las interacciones humanas. Se suman a la succión y a la satisfacción del hambre un conjunto de acciones centradas en el niño: contactos corporales, palabras, miradas, caricias o balanceos maternales, así como la formación de un vínculo afectivo. La oralidad es una forma de conocer el mundo, prueba de lo anterior es cómo entre los 4 o 5 meses y hasta el año aproximadamente, se lo llevan todo a la boca.

Se han distinguido dos periodos importantes durante el desarrollo de la obesidad infantil: uno, alrededor del primer año de vida, y otro, durante el período prepuberal, entre los 10-13 años. En el plano psicológico, resulta difícil, una vez instalada la obesidad, distinguir entre la dimensión reactiva o la causal de los trastornos observados.

La personalidad del niño obeso

La obesidad infantil puede suponer una gran carga psicológica como consecuencia, entre otros aspectos, de la discriminación social. Las vivencias asociadas pueden afectar su personalidad y dificultar su adaptación social y escolar. Los niños obesos a menudo son descritos como callados, apáticos, tímidos, aunque puedan tener reacciones de cólera súbita generalmente son  pasivos. Cuando su capacidad intelectual es normal o superior, el éxito se halla entorpecido por la inhibición o la pasividad.

Los niños obesos son relacionados con cierta debilidad mental, pues buscan satisfacciones inmediatas, no simbolizadas y asumen la problemática de lo lleno y lo vacío como factor principal.

Presentan además algunos síntomas asociados: como el fracaso escolar y la enuresis

El niño obeso y su entorno

El niño obeso pasa del orgullo familiar por su salud floreciente y buen apetito a ser objeto de preocupación y vergüenza por su exceso de peso y glotonería. Puede padecer carencias afectivas. A menudo, demuestra una incapacidad para jugar y para los ejercicios que requieren actividad muscular. Más que negarse a participar, se sienten inseguros para hacerlo y no han desarrollado el placer por la función muscular.

Generalmente viven rodeados de cuidados hiper-angustiados de un mundo que no da lugar a la iniciativa motora y que insiste en los “peligros” del afuera. En la mayoría de los casos, el paciente y su familia piden ayuda sin convicción y consultan frecuentemente al especialista, ante la insistencia de un tercero (médico, escuela, parientes). Se trata de un problema doble pues es personal y familiar.

La obesidad es más un estado que un síntoma que se constituye poco a poco y que el paciente y su entorno la ignoran durante mucho tiempo.

Si bien es un concepto complicado, debemos entender que todo padecimiento trae consigo ganancias secundarias. Así como no podemos generalizar las características del niño y su familia anteriormente expuestas y mucho menos utilizarlas a manera de leyes, tampoco podemos dejar a un lado que la obesidad trae contigo funciones protectoras.

 

Función de protección de la obesidad

Dispensa al niño de ciertas actividades que imagina penosas

Evita a los niños situaciones dónde se ponen en juego la competencia, la agresividad y también los deseos libidinales o sexuales

Eventualmente, se favorecen ensueños totalmente apartados de la realidad: “si yo fuera delgado”

Círculo vicioso: el obeso se siente culpable de comer y de no adelgazar, extrae de ello una satisfacción masoquista inconsciente (agresión contra sí mismo), lo que lo lleva a comer más todavía

La obesidad garantiza a veces la permanencia de un estatus de niño pequeño: relación más cercana-dependiente con la madre, menor grado de exigencia por el padre, y un lugar especial con los hermanos

 

En general encontramos a madres inseguras que combaten su angustia y culpabilidad con sobreprotección. La sobrealimentación del niño le otorga a la comida un valor de afecto y dedicación. El niño se muestra incapaz de autonomía en la vida cotidiana, y aumenta sus demandas de  alimento (amor), a medida que sus otras demandas, en especial de reconocimiento y seguridad, se ven reprimidas.

Un cambio exige que los padres renuncien a conformarse con la sumisión aparente de su niño y le permitan expresar sus propios deseos en otros campos que el de la oralidad; que el niño acepte no reparar y proteger incesantemente las imágenes parentales idealizadas que contribuyen a cerrarle el acceso al reconocimiento de su propio cuerpo como el de un cuerpo enfermo.

El médico, aunque no es psicoterapeuta infantil, puede preguntarse ¿qué puedo hacer desde la evaluación del paciente y las recomendaciones? A continuación se presenta a manera de ejemplo una sugerencia de intervención:

1. Evaluación

  1. Durante la entrevista clínica, resulta más interesante y más fructífero dejar que el niño exprese la calidad particular de su vínculo afectivo con la comida y no lanzarse a una encuesta policial sobre el consumo calórico.
  2. Observar más allá de la hiperfagia:  la inactividad del niño obeso. Este elemento clínico no siempre aparece en la entrevista, pero sólo se puede apreciar con exactitud mediante la observación directa del niño en su medio natural.
  3. Maldonado Durán y Barriguete (2002) proponen se realice:
  4. narrativa del problema alimenticio,
  5. diario de alimentación,
  6. curva de crecimiento,
  7. observación directa,
  8. observación de la relación con los padres al momento de la comida y,
  9. evaluación de las interacciones fantasmáticas e imaginarias.

 

2. Recomendaciones

  1. La prevención no puede limitarse a la vigilancia de la curva de peso.
  2. La madre, con sus experiencias personales a veces satisfactorias y a veces frustrantes, está siempre implicada en el problema del niño y debe ser tomada en cuenta.
  3. Hay que tener cuidado en no favorecer un incremento obsesivo de los cuidados, mecanismo defensivo muy natural y que se acentúa fácilmente en las madres ansiosas.
  4. No mostrarse parco con los consejos, acoger atenta y abierta la palabra de las madres
  5. Evitar la crítica y hacer uso de las connotaciones positivas
  6. Favorecer la comunicación
  7. No reprimir la expresión de la angustia o de conflicto mediante recetas prefabricadas.

Hasta aquí se ha pretendido exponer brevemente los aspectos psicosociales relevantes de la obesidad infantil, considerando no sólo la importancia de evitar que el niño obeso sea también un adulto obeso, sino resaltar el valor del acompañamiento psicológico ante el problema descrito.

 

Referencias Bibliográficas:

  • De Ajuriaguerra, J. (2004) Manual de Psiquiatría Infantil. Ed. Masson, Barcelona España.
  • Mazet, P., Lebovici, S. (1998) Psychiatrie périnatale. Parents et bébes: du projet d’enfant aux premiers mois de vié. Paris: Presses Universitaires de France.
  • Maldonado-Durán, J.M. y Barriguete, J.A. (2002) Evaluation and treatment of eating and feeding disturbances in infancy. En Maldonado-Durán J.M. (ed) Infant and Toddler Mental Health. Models of Clinical Intervention with infants and their Families. American Psychiatric Press, 309-244, Washington.
  • Stern, D. (1997) La Constelación Maternal: La Psicoterapia en las relaciones entre padres e Hijos. Psicología, Psiquiatría y Psicoterapia. Buenos Aires: Paidós.
  • Winnicott, D.W. (1958) Escritos de Pediatría y Psicoanálisis. Barcelona: Editorial Laia.