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La crisis de salud que se avecina

La actividad humana está alterando el clima de la Tierra y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero está acelerando esta alteración. Algunas de las consecuencias del cambio climático que afectan a la salud son directas: las temperaturas más altas, los cambios en el ciclo hidrológico, el aumento de la capa de ozono a nivel del suelo y una mayor producción de polen, aumentarán la exposición al estrés térmico, alterarán los patrones de las enfermedades infecciosas y pondrán en peligro la calidad del aire. Estos y otros impactos del cambio climático han sido cubiertos en la literatura científica, y lo que sabemos de sus probables efectos fue discutido en "Impactos directos del cambio climático".

Sin embargo, creemos que hay otra amenaza, una que es de una mayor magnitud que las que han sido enfatizadas hasta la fecha. Aquí se argumenta que se trata de los efectos indirectos del cambio climático (alteraciones a gran escala de los sistemas naturales de la Tierra) los que representan el mayor riesgo para la salud humana. Estos cambios están reduciendo el acceso al agua y alimentos y están minando el concepto mismo de hogares estables. Sin embargo, han recibido escasa atención en la literatura, que incluye el informe del Grupo de Trabajo II del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés)1. Grandes incertidumbres rodean las predicciones sobre cómo el cambio climático puede afectar el bienestar humano. Reconocer las incógnitas a las que nos enfrentamos, es un componente crítico al diseñar métodos óptimos para la mediación de los efectos en la salud del cambio climático.

Agua

La escasez de agua es un problema mundial importante que implica secuelas perjudiciales para la salud, y el cambio climático va a desestabilizar aún más el acceso al agua dulce.

Una muestra de las cuatro crisis actuales, ilustran la gravedad de la situación. Uno: En la llanura norte de China, donde se cultiva la mitad del trigo de ese país, el nivel freático está bajando hasta 3 metros/año. Dos: Ciertos estados de la India utilizan la mitad de su presupuesto para electricidad en bombear el agua hasta conseguir traerla a un kilómetro de profundidad para el riego de cultivos. Tres: Aproximadamente 300 millones de chinos e indios están comiendo los alimentos cultivados en el agua "fósil" que no se repone. Cuatro: En el Medio Oriente y África del Norte, las tasas actuales de uso de agua dulce, son equivalentes a 115% de la escorrentía total renovable.

Dado el uso no sustentable de este líquido en todo el mundo, se espera que el número de personas que viven en países con escasez de agua aumente seis veces de 470 millones a 3,000 millones entre 1990 y 2025.

Las tendencias a futuro son aún más preocupantes. El rápido crecimiento de la población humana en combinación con el desarrollo económico, genera mayor demanda de agua por parte de los hogares, la industria y la agricultura. En esta última, por sí sola, la cantidad de agua necesaria para mantener el ritmo de la demanda mundial de alimentos -aproximadamente de 2,000 - 3,000km2-, representa una triplicación de agua utilizada para el riego. Esta es el agua que, en muchas partes del mundo, simplemente no está disponible.

La disponibilidad de agua potable es uno de los pilares de la salud pública, sin la cual el bienestar humano se tambalea. Además de obstaculizar la producción de alimentos, el acceso inadecuado al agua y al saneamiento, tiene efectos directos sobre la salud humana. Hoy la mitad de la población urbana de África, Asia, América Latina y el Caribe, sufren de enfermedades asociadas con la falta de acceso a agua y saneamiento, y aproximadamente 1.7 millones de personas mueren cada año a causa de estas.

Se pronostica que el cambio climático agrave la escasez de agua de varias maneras. En general, los científicos predicen que el ciclo hidrológico se verá alterado haciendo que las zonas húmedas se conviertan en más húmedas, mientras que las zonas secas se vuelvan más secas. Probablemente las precipitaciones caerán en mayor cantidad y causarán desbordamientos más rápido. Estos dos fenómenos pueden hacer que las reservas de agua sean menos confiables y también provocar que haya condiciones favorables para los brotes de enfermedades transmitidas por el agua. En los Estados Unidos, por ejemplo, más del 50% de los brotes de enfermedades transmitidas por el agua en la segunda mitad del siglo XX fue precedida por precipitaciones que estaban por encima del percentil 90.3

Con las temperaturas más cálidas también aumentará la evapotranspiración, incrementando así las necesidades de agua para la agricultura. Al mismo tiempo, la disponibilidad de agua durante el apogeo de la temporada de cultivo puede ser menor debido a la fusión temprana de la capa de nieve de invierno en la primavera, dejando menos agua para el riego en verano. Los sistemas agrícolas que dependen del derretimiento de los glaciares, como los países andinos de América del Sur o gran parte de Asia que recibe agua de la meseta tibetana, pueden sufrir un destino fatal mientras los glaciares se vayan derritiendo. A medida que estos se reduzcan, proporcionarán cada vez menos flujo de agua durante la estación seca en muchos de los grandes ríos del mundo. El río Indo, por ejemplo, recibe el 40-50% de su caudal en la estación seca de los glaciares que están desvaneciéndose rápidamente. Por último, la elevación del nivel del mar y la aparición de tormentas más extremas, dará lugar a la inundación costera y la intrusión de agua salada en los acuíferos de agua dulce, lo que reduce aún más el suministro de esta.

Nuestro clima cambiante

Los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera superan cualquier cosa que la Tierra haya experimentado en los últimos millones de años y alcanzan cantidades que no se habían visto desde el Eoceno cuando no existían las capas de hielo, el nivel del mar era 100 metros por encima del actual y había cocodrilos cerca del Polo Norte. Las temperaturas globales han aumentado constantemente durante casi 40 años; los ocho años más calientes registrados han ocurrido desde 2001 y la temperatura media de la superficie terrestre mundial para el período enero-septiembre de 2010 fue el segundo más caluroso registrado después del 2007. Además del aumento de las temperaturas medias de la superficie mundial, la alteración climática está causando otros cambios a las condiciones físicas del planeta.

Entre ellas se encuentran el aumento del nivel del mar y cambios en los patrones de precipitación, lo que lleva a sequías más frecuentes, inundaciones e incendios forestales y tormentas más extremas.

Nutrición

Tal vez algo aún más problemático para el bienestar humano en el siglo venidero que una mayor disminución en la disponibilidad de agua dulce, es el impacto de los desórdenes climáticos en el suministro de alimentos. Al igual que con el agua, el acceso mundial a los alimentos ya es flojo. En el 2009, el número de personas que sufrieron de malnutrición proteínico-calórica supera los mil millones, después de haber logrado un mínimo de alrededor de 830 millones en la década de 1990. En los países pobres de todo el mundo, la desnutrición subyace aproximadamente en un tercio de la totalidad de la carga de enfermedades, y aproximadamente de 2 a 3 mil millones de personas -casi la mitad de la población humana-, ya sufren de deficiencias de micronutrimentos.

De cara al futuro, los agricultores de todo el mundo tendrán que duplicar la producción agrícola para el año 2050 con el fin de cumplir con la demanda de una población humana en crecimiento que aspira a una dieta basada en la carne. Esta duplicación tendrá que ocurrir a pesar de los vientos en contra que ya ponen a prueba la productividad agrícola. La escasez de agua, como se mencionó anteriormente, es una limitación importante en este respecto. Además, aproximadamente un tercio de la superficie terrestre del planeta sufre de degradación de la tierra por los efectos combinados de la erosión del suelo, la salinización, el agotamiento de los nutrientes y la desertificación. Por último, el auge de los biocombustibles en la industria, que evidenció el desvío de una cuarta parte de la cosecha de granos de EE.UU. para la producción de biocombustibles, está generando una enorme demanda de granos. Al aumentar su demanda y, en consecuencia, la de tierras de cultivo y riego, el cultivo de granos como materia prima para biocombustibles estanca las necesidades de alimentación humana frente a la producción de estos.

En medio del rápido aumento de la demanda de alimentos, el incremento de las presiones ambientales sobre la producción de alimentos y la creciente malnutrición humana, el cambio climático pone en peligro, además, a los rendimientos agrícolas y la calidad nutricional de los cultivos que se producen. Es bien sabido que la productividad agrícola es sensible a los cambios de temperaturas en la temporada de cultivo. Estudios observacionales, longitudinales y de modelado, todos confirman que un aumento de 1°C corresponde a aproximadamente una reducción del 10% en el rendimiento de los principales granos.3, 4, 5 A medida que aumenten las temperaturas de 2 a 6°C durante el próximo siglo, la reducción en el rendimiento agrícola dependerá, en parte, de nuestra capacidad de adaptación y, en parte, en cómo cambia la variabilidad de la temperatura; pero, en general, se espera que las cosechas caigan.

El cambio climático tiene aún más relevancia que la producción agrícola. Como se discutió anteriormente, se espera que dicho cambio altere el ritmo y la cantidad de agua disponible para la agricultura, mientras se incrementan las necesidades de las plantas debido a que las temperaturas suben. El aumento de la producción de ozono a nivel del suelo, limita la producción agrícola, ya que este es un tóxico potente para las plantas. Cuando las concentraciones de ozono alcancen de 30 a 45ppb (partes por mil millones), las pérdidas en la producción de los principales granos serán de 10 a 40%. Para el 2030 se espera que las concentraciones de ozono anuales promedio en el sur de Asia excedan los 50ppb. Habrá ciclones tropicales cada vez más intensos, aumento del nivel del mar, incendios forestales más frecuentes, sequías e inundaciones también conspirarán para disminuir las cosechas locales.

A pesar de la evidencia de que el cambio climático aumentará el riesgo de numerosos problemas en la producción agrícola, el efecto neto del cambio climático en la producción mundial de alimentos es difícil de cuantificar. Por ejemplo, se sabe muy poco acerca de cómo el cambio climático pueda alterar las relaciones entre las plantas y sus plagas y patógenos, aunque varios ejemplos preocupantes indican que el cambio climático puede promover infestaciones de plagas de plantas mientras que las temperaturas de invierno menos bajas, permitan a los insectos pasar el invierno de manera más eficaz. También sabemos poco sobre cómo afectará el alcance y el patrón de la capa de nubes que, en cierta medida, determina la radiación solar disponible para las plantas para la fotosíntesis.

Además de estos impactos en la cantidad de alimento producido, parece que las crecientes concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera también afectan la calidad nutricional. Los granos que se cultivan dentro de niveles elevados de dióxido de carbono parecen haber reducido sus concentraciones de proteína, hierro, zinc y quizás de otros nutrimentos. Al igual que con otros ejemplos ya citados en este artículo, estas posibles disminuciones en el contenido nutricional de las plantas son de particular preocupación dado el estado actual de las cosas: las deficiencias de hierro y zinc representan aproximadamente 63 millones de años de vida perdidas anualmente y los principales granos son una fuente crítica de estos nutrimentos para muchas poblaciones de todo el mundo.6, 7 En conjunto, estas amenazas adicionales para la producción de alimentos pueden tener amplias repercusiones en la nutrición humana y la salud mundial.

Desplazamiento

El desplazamiento de la población pudiera ser la vía final común para muchos de los impactos del cambio climático descritos anteriormente. Las modificaciones regionales en la precipitación que conducen a un aumento de las sequías y las inundaciones, a la elevación de la incidencia de los desastres naturales como los ciclones tropicales y los incendios forestales, a la pérdida de las cosechas locales y a la escasez severa de agua, todas estas, pudieran obligar a la gente de todo el mundo a abandonar sus hogares. Además de estas amenazas, la vulnerabilidad costera pone a muchas personas en riesgo de desplazamiento. Más de un tercio de la población humana vive en estas zonas y en las islas pequeñas que están a 100 kilómetros de la costa y a menos de 50 metros sobre el nivel del mar. La combinación del aumento del nivel del mar, tormentas cada vez más intensas y la destrucción de las barreras costeras (manglares, pantanos, dunas con vegetación y arrecifes de coral) deja estas poblaciones extremadamente vulnerables. Para el año 2050 se estima que de 200 millones a 1000 millones de personas podrían ser desplazadas debido al cambio climático. Estas estimaciones son muy inciertas, en parte porque muchos de los cambios biofísicos que contribuyen al desplazamiento siguen siendo difíciles de cuantificar.8, 9

A pesar de esta incertidumbre, una fracción significativa de la población humana, sin duda, será desplazada en este siglo y enfrentará realidades crudas de salud. Las poblaciones no inmunes que migran hacia áreas endémicas, son más susceptibles a una variedad de enfermedades infecciosas. Las malas condiciones de vivienda, el saneamiento y el acceso al agua potable, en combinación con una nutrición deficiente, derivan en epidemias de enfermedades, particularmente diarreicas, sarampión e infecciones respiratorias agudas. Se han alcanzado tasas de desplazamiento por desnutrición de hasta un 50% en las poblaciones de refugiados en África.10 Además de las enfermedades infecciosas y la desnutrición, los desplazados sufren de altos índices de violencia, abuso sexual y enfermedades mentales. El trastorno de estrés postraumático se ha diagnosticado en 30 a 75% de los niños y adolescentes refugiados reasentados.11 Por último, el desplazamiento puede dar lugar a disturbios civiles y conflictos violentos, en tanto que grandes números de personas con pocos recursos, se mueven en zonas en las que con frecuencia no son bienvenidos.

Viviendo con incertidumbre

No hay duda de que el cambio climático tendrá un impacto importante en la salud humana, pero no estamos seguros sobre cuáles serán esos impactos y dónde y cuándo van a ser más severos. Los efectos de salud más significativos surgirán de las interacciones entre los cambios biofísicos del ambiente natural, las tendencias demográficas y las adaptaciones humanas. Los cambios biofísicos (como la variabilidad de temperatura o el aumento del nivel del mar) son difíciles de predecir con exactitud en la actualidad y la capacidad de adaptación a estos cambios se desconoce.

Pero la incertidumbre sobre el momento exacto, la ubicación o la magnitud del impacto del cambio climático, no es excusa para la autocomplacencia. Con evidencia de que el cambio climático ya está imponiendo una carga de salud fuerte, el clima en el futuro, sobre todo si las emisiones de gases de efecto invernadero van a la atmósfera sin cesar, augura una crisis de salud para cientos de millones de personas. En lugar de ser utilizado como una justificación para la inacción, la incertidumbre inherente a la ciencia del clima debe servir como un principio de organización para la adaptación a sus efectos nocivos. Por ejemplo, las incógnitas sobre las futuras regiones y las condiciones viables para la agricultura, requieren una variedad de nuevos cultivos con rasgos tales como resistencia al calor y a la sequía. Los cambios en el ritmo del flujo estacional del derretimiento de la capa de nieve o glaciares, exigen un aumento dramático en la capacidad de almacenamiento de agua para las personas que dependen de estos flujos para uso doméstico o de riego. Planes de seguros que permitan a los diferentes países o poblaciones prevenirse del riesgo de malas cosechas e inseguridad alimentaria, podrían ser implementados para mitigar el número de víctimas de los desórdenes climáticos regionales. Deberían ser diseñados esfuerzos de vigilancia que nos posibiliten detectar mejor las distribuciones cambiantes de enfermedades infecciosas, la escasez de agua o la inseguridad alimentaria de manera temprana, para que los recursos puedan ser redirigidos eficientemente.

Los patrones de consumo de las personas en los países ricos del mundo, nunca antes habían jugado un papel tan importante al poner la salud de los pobres en mayor riesgo. Cómo el mundo rico responde a la moral imperativa de ayudar a los países en desarrollo a adaptarse a la vulnerabilidad del cambio climático, será una característica definitoria de este siglo.

Impactos directos del cambio climático

Enfermedades Infecciosas

  • El cambio climático alterará la distribución de la malaria, el dengue, la esquistosomiasis y otras enfermedades que se transmiten a través de un insecto o las que tienen como huéspedes a animales reservorios.

  • El rango de estas enfermedades está limitada geográficamente por la gama de los insectos y/o animales reservorios que afectan su transmisión a los seres humanos. Mientras que los patrones de temperatura y precipitación cambien, también lo hará la geografía favorable para la supervivencia de estas y otras especies.

  • Las temperaturas calientes aumentan las tasas de reproducción, desarrollo, supervivencia y mordidas de los vectores que se alimentan de sangre, así como acortan el tiempo de desarrollo del parásito en el interior de estos vectores.

  • El desplazamiento geográfico puede introducir patógenos nuevos en poblaciones humanas que no sean inmunes y que pueden ser mucho más susceptibles a la infección que los que ahora viven en zonas endémicas.

Estrés por calor

  • El aumento de eventos de calor extremo pueden exigir una cuota de salud humana más cara.

  • La hipertermia puede causar enfermedades relativamente leves, como el sarpullido por calor, agotamiento o síncope (desmayo), pero también puede provocar secuelas graves, incluso el golpe de calor que a menudo es fatal.

  • Los sobrevivientes a un golpe de calor experimentan un marcado aumento en padecer enfermedades y en la mortalidad en los años posteriores al evento de calor extremo.

  • Un adicional de 2,500 millones de personas se sumarán a la población del planeta en los próximos 40 años y casi todos ellos vivirán en ciudades. Estas tienden a ser más cálidas debido al efecto de calor de isla-urbana.

  • La población humana está envejeciendo y las personas mayores son especialmente sensibles al estrés por calor.

La contaminación del aire

  • La formación de ozono a nivel del suelo, el principal tóxico cardiorrespiratorio en el smog, se acopla a la temperatura, especialmente a las que superan los 90°F (32°C).

  • El cambio climático ha provocado que la primavera inicie antes y que el otoño termine después y estos cambios en la estacionalidad, junto con una mayor concentración de CO2, proveen de temporadas de polen más largas y en consecuencia, hay una mayor producción de polen de muchas plantas alergénicas.

  • Las enfermedades respiratoria alérgicas, especialmente el asma, ya están asociadas con un cuarto de millón de muertes al año en todo el mundo.

  • Se prevé que la frecuencia y el alcance de los incendios forestales aumente, lo que genera grandes cantidades de contaminantes, incluyendo irritantes pulmonares potentes (como acroleína y otros aldehídos), carcinógenos (como el formaldehído y el benceno) y las partículas finas (PM 2.5), que se sabe que aumentan el riesgo de enfermedad cardiorrespiratoria y muerte.

Fuente:

  • Myers SS. y Bernstein A. The Scientist Magazine
    Samuel S. Myers es profesor de medicina de la Facultad de Medicina de Harvard, investigador asociado en el Centro Universitario de Harvard para el Medio Ambiente y médico de planta del Hospital Mount Auburn. Aaron Bernstein es un miembro de la facultad en el Centro para la Salud y el Medio Ambiente Mundial, instructor en pediatría de la Facultad de Medicina de Harvard y es Doctor en medicina en el Hospital de Niños de Boston. Este artículo es una adaptación de una revisión en los Informes F1000 Biología, DOI: 10.3410/B3-3 (acceso abierto a http://f1000.com/reports/b/3/3). Para efectos de referencia, por favor refiérase a esa versión.

Referencias:

  1. Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), “Climate Change 2007: Impacts, adaptation and vulnerability. Contribution of Working Group 2”, Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), 2007.
  2. D.S. Battisti, R.L. Naylor, “Historical warnings of future food insecurity with unprecedented seasonal heat”, Science, 323:240-44, 2009. Free F1000 Evaluation.
  3. F.C. Curriero et al., “The association between extreme precipitation and waterborne disease outbreaks in the United States, 1948-1994”, Am J Public Health, 91:1194-99, 2001.
  4. D.B. Lobell et al., “Prioritizing climate change adaptation needs for food security in 2030”, Science, 319:607-10, 2008.
  5. S. Peng et al., “Rice yields decline with higher night temperature from global warming”, PNAS, 101:9971-75, 2004.
  6. L.E. Caulfield, R.E. Black, “Zinc Deficiency,” in Comparative Quantification of Health Risks: Global and Regional Burden of Disease Attributable to Selected Major Risk Factors, Vol. 1, M. Ezzati, (et al.), eds, Geneva: World Health Organization, 2004, pp. 257-79.
  7. R.J. Stoltzfus, L. Mullany, R.E. Black, “Iron Deficiency Anemia,” in Comparative Quantification of Health Risks: Global and Regional Burden of Disease Attributable to Selected Major Risk Factors, Vol. 1, M. Ezzati, (et al.), eds, Geneva: World Health Organization, 2004, pp. 163-209.
  8. L.C. Johnstone, “Planning for the inevitable, the humanitarian consequences of climate change”, in Linking Climate Change Negotiations and Disaster Risk Reduction, Copenhagen, 2008.
  9. K. Warner (et al.), “In search of shelter: mapping the effects of climate change on human migration and displacement”, Cooperative for Assistance and Relief Everywhere (CARE), New York, NY, 2009.
  10. M.J. Toole, R.J. Waldman, “Refugees and displaced persons. War, hunger, and public health”, JAMA, 270:600-05, 1993.
  11. L.A. McCloskey, K. Southwick, “Psychosocial problems in refugee children exposed to war”, Pediatrics, 97:394-97, 1996.